La postal de las majadas recortadas contra el horizonte patagónico empieza a volverse cada vez más frágil. Río Negro, históricamente una provincia ovejera, atraviesa una crisis que mezcla sequía persistente, predación creciente y problemas estructurales que ponen en jaque a los productores. Según explicó el secretario de Ganadería provincial, Tabaré Bassi, la ganadería sigue siendo una de las actividades que mayor superficie ocupa en la provincia, solo detrás de la fruticultura. Sin embargo, el mapa productivo cambió con el paso de las décadas.
Durante muchos años, prácticamente todo el territorio rionegrino estuvo dedicado a la producción ovina. Pero desde los años sesenta el ganado bovino comenzó a expandirse desde el noreste provincial. Con el tiempo, el norte quedó dominado por la actividad vacuna y el centro y sur por la ovina.
En los últimos años ese proceso volvió a acelerarse. El vacuno empezó a desplazar nuevamente a la oveja, y uno de los principales motivos es la predación. “El principal factor que afecta a la producción ovina es la predación”, explicó Bassi. Los productores enfrentan ataques cada vez más frecuentes de fauna silvestre, principalmente pumas y zorros colorados, que encuentran en las majadas una presa fácil.
El problema se agrava por el despoblamiento rural. Muchos campos están menos habitados o incluso abandonados, lo que facilita el avance de los predadores. “Ha habido una migración desde el campo hacia las ciudades y eso genera menos control en los establecimientos”, señaló el funcionario.
A ese escenario se suma la sequía persistente, que complica aún más la producción en campos que, en promedio, tienen unas 2.500 hectáreas y apenas permiten mantener alrededor de 400 ovejas, una escala que para muchos productores ya no resulta económicamente viable. Frente a esta situación, el gobierno provincial impulsa programas de suplementación estratégica para sostener las majadas en momentos críticos como la parición y la lactancia.
Sin embargo, el escenario ganadero también suma incertidumbre por la flexibilización de la barrera sanitaria patagónica, que permitió el ingreso de carne con hueso desde el norte del país. Bassi recordó que la provincia siempre se opuso a esa medida y advirtió que generó “inequidades comerciales” que afectan a frigoríficos y productores de la región.
Así, entre sequía, predadores y cambios productivos, la actividad ovina atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia en Río Negro, mientras el avance del vacuno vuelve a redibujar el mapa ganadero de la Patagonia.