El movimiento en el predio de la Sociedad Rural del Neuquén, en Junín de los Andes, volvió a ser el de las grandes jornadas ganaderas. Productores, consignatarios y compradores de distintos puntos de la Patagonia se reunieron en una nueva edición del remate de invernada organizado por Neiman Servicios, un evento que, más allá del volumen de hacienda ofrecida, funciona como una verdadera radiografía del negocio ganadero en la región.
No se trata solamente de números ni de operaciones puntuales. En este tipo de remates se define el valor de referencia que luego se traslada a toda la cadena: desde el criador hasta el consumidor final. Por eso, cada precio alcanzado tiene un peso específico que excede al propio evento. Y en esta oportunidad, el mensaje que dejó el mercado fue claro: la ganadería neuquina atraviesa un momento de firmeza, con demanda sostenida y sin señales de retroceso en los valores.
Uno de los datos más observados, como ocurre en cada remate, fue el comportamiento del ternero, la categoría que marca el ritmo del negocio. Allí se vieron los valores más destacados, con lotes livianos que alcanzaron hasta los 7.700 pesos por kilo y promedios que se mantuvieron en niveles altos. La explicación es conocida dentro del sector: el ternero es reposición, es futuro, y cuando el productor decide pagar fuerte por esa categoría, lo que está haciendo en realidad es apostar a seguir produciendo.
A medida que aumenta el peso de los animales, los valores tienden a acomodarse, aunque sin perder consistencia. En las franjas intermedias, los precios mostraron una leve corrección, pero dentro de parámetros considerados normales para el mercado. Allí es donde muchos compradores encuentran oportunidades, sobre todo aquellos que buscan volumen y margen de engorde, en un contexto donde cada decisión productiva está atravesada por la ecuación económica.
Los precios del remate
En el caso de novillitos y vaquillonas, el comportamiento fue más estable, con valores que se mantuvieron en líneas similares a remates anteriores. No hubo sobresaltos ni caídas abruptas, lo que refuerza la idea de un mercado equilibrado, donde la oferta encuentra demanda sin grandes tensiones. Es un segmento que suele responder más a la calidad del lote que a la especulación, y eso también quedó reflejado en la dinámica de la jornada.
Donde sí hubo señales fuertes fue en los vientres. Las vacas preñadas alcanzaron valores elevados, con picos que llegaron a los 1,9 millones de pesos y promedios que se ubicaron en torno a 1,7 millones. En paralelo, algunas vaquillonas seleccionadas superaron incluso los 2,2 millones, números que no pasan desapercibidos y que hablan de una decisión clara del productor: invertir en genética y en capacidad de producción a futuro. En un contexto económico incierto, ese tipo de movimientos suele leerse como un voto de confianza hacia el negocio ganadero.
También se destacó el segmento de vacas de invernada, con precios que mostraron firmeza y buena salida. Se trata de una categoría que viene ganando protagonismo, en parte por su rápida rotación y en parte por las oportunidades que ofrece en determinados esquemas productivos. Los valores registrados en este remate consolidan esa tendencia y la posicionan como una alternativa cada vez más considerada.
Más allá de los números, el clima del remate dejó una sensación que se repite en los últimos meses: el productor no se está retirando del negocio. Por el contrario, sigue participando, comprando, vendiendo y tomando decisiones. En un país atravesado por la volatilidad, esa continuidad es, en sí misma, una señal. El campo no frena, se adapta.
El remate de Junín de los Andes volvió a cumplir así su rol histórico. No solo puso precios sobre la mesa, sino que dejó una lectura clara sobre el presente y el futuro inmediato de la ganadería en Neuquén. Cada lote vendido, cada oferta levantada y cada martillazo final formaron parte de un mismo mensaje: el sector se mantiene activo, con expectativas que, al menos por ahora, siguen siendo positivas.