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Sábado 17 de Enero, Neuquén, Argentina
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Entre cafés y discusiones eternas: el lugar que marcó a la Argentina entre 1900 y 1950

Hubo un tiempo en que el futuro del país no se discutía en pantallas ni en redes sociales.
Se discutía en voz baja, alrededor de una mesa, con un café que se enfriaba mientras las palabras ardían.

Sabado, 17 de enero de 2026 a las 16:33
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Entre 1900 y 1950, cuando la Argentina todavía estaba aprendiendo quién era y hacia dónde iba, existió un lugar donde las ideas se cruzaban todos los días sin pedir permiso. Un lugar sencillo en apariencia, pero cargado de una intensidad que todavía hoy se puede sentir.

El Café Tortoni no fue solo un café. Fue refugio, escenario, trinchera cultural. Allí se sentaban hombres y mujeres que discutían el país como si se les fuera la vida en cada frase. Y, en cierto modo, así era.

Afuera, Buenos Aires crecía de golpe. Llegaban barcos llenos de inmigrantes, llegaban acentos distintos, llegaban sueños enormes y también miedos profundos. Adentro, en esas mesas gastadas, se hablaba de trabajo, de injusticias, de arte, de tango, de política, de identidad. Se hablaba de la Argentina sin saber todavía cómo iba a terminar esa historia.

Las discusiones eran largas. Apasionadas. A veces violentas en las palabras, nunca indiferentes. Nadie miraba el reloj. Porque pensar el país llevaba tiempo.

Durante las primeras décadas del siglo XX, ese café fue testigo silencioso de todo: del entusiasmo, de las crisis, de los golpes que sacudieron a la sociedad y de las esperanzas que siempre volvían a levantarse. Entre diarios abiertos y pocillos vacíos, se formaban opiniones que después bajaban a la calle.

Con el paso de los años, el tono cambió. En los años 30 y 40, la Argentina ya no era la misma. El mundo tampoco. Pero el ritual seguía intacto: sentarse, escuchar, discutir, disentir. Como si, aun en medio de la incertidumbre, hubiera una certeza compartida: el país se construía también hablando.

Muchos de los que se sentaron ahí no quedaron en los libros de historia. No fueron presidentes ni generales. Pero pensaron, discutieron y soñaron un país posible. Y eso, en definitiva, también es hacer historia.

Hoy, cuando uno entra al Tortoni, el ruido es distinto. Las discusiones ya no son las mismas. Pero algo permanece. Una sensación difícil de explicar: la de estar pisando un lugar donde la Argentina se buscó a sí misma durante medio siglo.

Porque antes de los grandes discursos y las decisiones oficiales, hubo mesas, cafés y charlas interminables.
Y en esos espacios cotidianos, entre 1900 y 1950, la Argentina empezó a pensarse en serio.

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