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Lunes 12 de Enero, Neuquén, Argentina
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Encuéntrame en tus sueños (53ra parte. El último tren a Utah)

Los investigadores discuten el próximo paso. Ir al encuentro de la niña Esmeralda, clave en la resolución de la historia del cardenal asesino.

Lunes, 12 de enero de 2026 a las 17:25
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Oficina del teniente Valdez, evaluación de la prueba contra el cardenal Sean Mulligan a.k.a. Cian Flanagan, participan el fiscal especial federal Benjamin, el teniente Valdez, el sargento Stephen Collins, tres integrantes del Mossad, el periodista irlandés Joseph O’Brian, y un servidor.

El fiscal Benjamin tuvo tiempo de revisar, explorar a fondo y analizar casi la mayoría de las copias de los documentos disponibles en la maleta de titanio que Valdez obtuvo en la aldea de Greenbrae, Irlanda, de manos de Carmel Flanagan, hermano mellizo del cardenal investigado.
Valdez abrió con una consulta para su amigo el fiscal y el resto de los presentes hizo silencio:

-¿Qué pudiste encontrar en esos papeles Clarence?.

-Hay muchísimo material para analizar y pesquisar, pero déjenme decirles que no será fácil estructurar una exitosa acusación contra semejante dignatario de la Iglesia, nos llevará un largo tiempo y una paciente investigación. Esta es una batalla judicial pero también una confrontación política. No podemos depositar esta responsabilidad en cualquiera. No estamos investigando a un ladrón de gallinas. Una minúscula fuga de información que se los escape de las manos y estamos perdidos. Por ello la selección de los que trabajen en esta investigación debe ser escrupulosa y prolija y debe caer en los mejores y más honestos profesionales que tiene el poder judicial.

-Lo que dices es muy cierto, Clarence, pero no podemos olvidar que nuestra presa debe estar evaluando la posibilidad de que estemos investigándolo y debe estar tomando sus recaudos. No quiero parecer agorero pero no me extrañaría que en los próximos días alguno de nosotros sea victima de un intento de atentado o un atentado consumado.

-Sí, yo ya lo evalué y, no te dije, desde hoy me acompaña una respetable custodia, gentileza de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA).

-Me parece muy sensato de su parte, fiscal, apuntó el coronel Cohen. Seguidamente agregó, dirigiéndose a directamente a Valdez:

-Discúlpeme teniente si sueno un tanto ansioso, pero le ruego encarecidamente que, si usted sabe la ubicación de los “Papeles de Norman” inicie ya los pasos tendientes a hacernos de esos documentos antes de que el cardenal haga lo propio y deje tras de sí una sangrienta masacre, dijo Cohen, sin necesidad de aludir directamente a Esperanza, su madre y Amanda, la dueña del rancho donde se habían refugiado.

El veterano coronel de tantas guerras en Oriente Medio y operaciones especiales del Mossad no solo reclamaba para su país los preciados documentos que probarían la responsabilidad criminal del cardenal y alguna connivencia del Vaticano, en el trafico y muerte de cientos de niños de origen israelí, sino que demostraba ahora su preocupación por la vida de Esperanza, la niña a la que su hijo Norman Blake confiara la información mas importante de su vida y por la cual cayera asesinado por la mano del cardenal.

Pero al mismo tiempo, Valdez entendió que desde aquella redada nocturna a la mansión de Staten Island, la sede de la logia satánica que “el Amo”, alter ego del mismísimo cardenal, los acontecimientos se habían disparado, saliéndose del carril por el cual, hasta ese momento, transitaban. 

Valdez entendió que, si bien le había asestado un duro golpe por la espalda al cardenal, golpe que no tardaría en provocarle miedo e incertidumbre empujándolo a cometer errores, desde ahora el cardenal se había convertido en una fiera acorralada, un peligrosísimo enemigo capaz de cualquier cosa con tal de sobrevivir.

El teniente no olvidaba aquella visita que con Collins le hicieron al cardenal en su oficina de la histórica catedral de San Patricio, en plena Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York, y lo que ocurrió después de aquellas incomodas preguntas que el policía le formulara al sacerdote y que dieron agriamente por concluido el encuentro.

El policía llevaría por siempre impreso en su memoria cómo su automóvil, aparcado en el estacionamiento de la celebérrima catedral, estalló por los aires en una gigantesca bola de fuego merced a una bomba de explosivo plástico C4 que alguien instaló en el chasis del rodado.

Una advertencia, un aviso, una amenaza con olor a RDX, un atentado que no logró su siniestro objetivo gracias a ese sexto sentido, ese instinto de conservación que caracteriza a los veteranos detectives como Valdez y que activó una alerta en la mente del policía que lo hizo no ingresar en el vehículo y escapar corriendo de ahí.  

De no ser por Valdez, tanto él, como Collins, y quien esto escribe, hace rato que habríamos pasado a mejor, o peor, vida.

Valdez entendió la urgencia del coronel Cohen por encontrar “Los papeles de Norman” porque era su misma urgencia. El tiempo corría desenfrenado como una tropilla de desbocados “mustangs”, los indómitos caballos salvajes del Oeste americano.

Pero había una duda que sobrevolaba la mente del dominicano que solo Cohen podría evacuar y decidió resolverla en ese momento:

-Coronel ¿Usted sabía que Norman tenía una hermana? Su nombre era Susan, Susan Blake. Ella murió asesinada poco después de Norman, en su casa en Ashville, Alabama. Hasta ahora, nadie dio con el culpable de ese crimen.

-Me enteré de su existencia porque, tras el reencuentro con Norman, éste me contó que tenia una hermana nacida de una relación de mi ex esposa con un hombre a quien conoció a poco de llegar a América...

El coronel dio un hondo respiro mientras parecía buscar las palabras adecuadas antes de continuar: 

-...un cretino malnacido, un bastardo hijo de puta que, tras saber del embarazo, la abandonó como quien aparta de sí a un perro sarnoso. Por eso Susan llevaba el apellido Blake.

-¿Y luego supongo que supo de su asesinato?, preguntó el teniente.

-Me enteré casi al mismo tiempo que la noticia de la muerte de Norman. Me puse en contacto con el sheriff de Ashville fingiendo ser un pariente y éste me reveló algunos detalles de su muerte que me hicieron sospechar de la existencia de un mismo asesino para los dos crímenes. Quizás Susan estaba enterada de la investigación de Norman sobre los niños judíos traficados y el asesino pensó en ir personalmente a ver si encontraba en su casa esos papeles. Como no los encontró la asesinó. Le bastó únicamente su mano derecha para hacerle pedazos la garganta. ¡Pobre chica!, se lamentó el veterano espía.

-¿Cree usted que estamos en presencia de un mismo asesino?

-Es muy probable –respondió el militar- llama la atención el hecho de que a Norman lo envenenaran con “curare” y a Susan le destrozaran la garganta...

-Tal vez buscó que no hubiese un patrón común con el homicidio de Norman. Dos envenenamientos con “curare” hubieran constituido una fuerte pista a seguir por los investigadores, sugirió el fiscal.

-Es posible, lo cierto es que el criminal no dio con los papeles que buscaba en la casa de Susan y ahora es posible que, gracias al inútil de Johnny Ray, tenga un indicio, muy vago por cierto, de dónde podrían encontrarse esos documentos. Yo no creo que tenga la ubicación exacta y, si la tiene, tiene una locación aproximada, si no ya hubiera ido a buscarlos y hasta ahora no ha movido ni un dedo, en eso tenemos la ventaja, explicó el teniente, pero Cohen replicó:

-Ventaja que se achica con cada día que pasa, teniente...

Valdez miró a su amigo, el fiscal Benjamin, como buscando una idea que suponga una síntesis entre la tesis del teniente y la antítesis del coronel Cohen.

El fiscal arrojó sobre la mesa un expediente que estaba leyendo, se recostó en la silla donde se encontraba y con aire doctoral explicó:

-Necesitamos una llave que abra la puerta de una concluyente investigación. Necesitamos tener una herramienta judicial tan potente como incuestionable que nos permita detener al cardenal inmediatamente y sacarlo de la escena metiéndolo  en prisión mientras vamos procesando los restantes documentos que Carmel tan gentilmente nos entregó. La cosa es empezar con el pie derecho pero apoyándolo en el suelo con toda nuestras fuerzas.

Valdez y Cohen, como los demás que estábamos ahí, seguían con atención los argumentos del fiscal.

Pero el fiscal Benjamin pareció arribar a un puerto seguro donde anclar cuando argumentó:

-Yo estuve estudiando casi toda la prueba. Si entramos por cualquiera de las puertas que nos regaló Carmel podemos enfrentarnos a una verdadera debacle jurídica, en medio del fuego cruzado de las ametralladoras procesales de los abogados de un Cardenal Primado de la ciudad de Nueva York, que no son otros que los letrados de la Iglesia Católica Apostólica Romana cuyo jefe, les recuerdo, es el Papa, el líder de  2.000 millones de fieles cristianos. 

-Piensen en esos abogados e imaginen unos buitres que parecen sacados de antiguos grabados de la Santa Inquisición y dirigidos por el mismísimo inquisidor Tomás de Torquemada. Imagínenlos disparándonos chicana tras chicana procesal con el único fin de procrastinar el proceso “per sécula seculorum”, y agregó como conclusión:

-El caso de los niños de origen judío que fueron abducidos y entregados a la prostitución infantil con jeques pederastas de Medio Oriente y que al parecer fueron luego asesinados, es lo más potente que he visto o escuchado hasta ahora de este monumental plexo probatorio. Perdón, debo corregir: es lo mas fuerte que he visto y oído de toda mi carrera judicial, así que sugiero apuntar con toda nuestra artillería para conseguir esa prueba y salir ya mismo a buscarla.

Valdez, Cohen y los demás asentimos convencidos de que el camino corría detrás del trabajo que le había costado la vida a Norman Blake.

El teniente organizó inmediatamente la misión. 

-Vamos tras la dirección postal que Esperanza le pasó por teléfono a Rosalyn y lo vamos a hacer con ella al frente ya que, sospechamos, la niña, curadora del trabajo de su maestro de piano, solo le dará los documentos a ella y a nadie más en esta tierra. Técnicamente, ésa fue la ultima voluntad de Norman, por lo que hay que cumplirla, dijo Valdez, mirando al coronel, quien sonrió agradecido.

-Nos dividiremos en grupos para no llamar la atención en el pueblo donde, sospechamos también, podría alojarse esbirros del cardenal pesquisando la ubicación de los documentos. Esos serían los “hombres extraños” a los que se refirió Esperanza en su último llamado telefónico a Rosalyn, agregó el marshall.

-Coronel ¿Tiene usted más hombres a su cargo?, le preguntó Valdez al “katsa”.

-Pueden venir tres más con nosotros si ustedes lo requieren, respondió el militar.

-Yo puedo solicitar el apoyo de una decena de marshalls que podrían movilizarse de inmediato a la dirección que yo les pase. Viajaremos separados en diferentes medios de transporte. No llegaremos al pueblo porque no podremos ocultar a mas de veinte agentes especiales. Rosalyn viajará conmigo por tren y descenderemos en un paraje cercano al pueblo donde nadie notará nuestra presencia. Collins, O’Brian y usted viajarán en un autobús Greyhound hasta un pueblo cercano donde rentarán un jeep y se reunirán con nosotros en un punto a designar a donde también llegarán nuestros amigos del Mossad. El resto de los marshalls esperaran en un punto que en su momento les confirmaré, dijo Valdez.

-¿Qué punto es ese teniente?, pregunté.

-Ya lo sabrán, sentenció el dominicano. Se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana que daba a la ciudad de Nueva York, y se quedó observando.

Entonces, sin darse vuelta anunció:

-Este será el ultimo tren a Utah, donde la historia nos esperará.

(Continuará)

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