En una época donde la información médica está a un clic de distancia y los pacientes llegan al consultorio después de consultar internet, la idea tradicional de enfermedad comienza a quedar corta. Ya no alcanza con un resultado de laboratorio ni con una definición estrictamente biológica para explicar qué significa estar enfermo.
De eso habló con Mejor Informado el doctor en Medicina, pediatra, deportólogo, filósofo e investigador Gonzalo Pérez Marc, quien propone repensar el concepto desde una mirada más amplia, donde intervienen la experiencia personal, la historia de vida y la percepción social.
“Venimos hablando de identidad narrativa, de cómo cada persona construye el relato de su propia vida. Ahora bien, aparece la enfermedad. ¿Qué es la enfermedad?”, plantea el especialista.
Lejos de una definición cerrada, Pérez Marc sostiene que se trata de un fenómeno complejo. “La enfermedad no es simplemente el germen que aparece. Tampoco es solo el síntoma. Ni siquiera es únicamente que alguien me diga ‘usted está enfermo’. Es una representación múltiple”, explica.
Entre el diagnóstico y la vivencia
Según el médico, la enfermedad se construye a partir de distintas dimensiones que confluyen en una representación mayor: la que el propio paciente tiene sobre lo que le ocurre y la que su entorno construye alrededor suyo.
Puede suceder, por ejemplo, que un estudio detecte una leucemia mientras la persona se siente completamente bien. O lo contrario: alguien puede atravesar un profundo malestar emocional, sin energía ni motivación, y recibir como respuesta médica un desconcertante “no tenés nada”.
Entonces surge la pregunta central: ¿qué significa realmente estar enfermo? “No hay un punto fijo entre estar sano, estar enfermando, estar enfermo o estar curándose. Es un proceso. Y esa vivencia está atravesada por la historia personal”, afirma.
La historia personal también enferma o sana
Pérez Marc ejemplifica con una situación cotidiana: dos personas experimentan un dolor lumbar intenso. Una nunca tuvo problemas previos; la otra fue operada de la columna años atrás.
“¿Van a vivir ese dolor de la misma manera? Probablemente no. Quien ya pasó por una cirugía puede interpretar ese dolor como una señal de catástrofe inminente, aunque clínicamente no tenga nada grave”, señala.
La experiencia previa modifica la percepción presente. Y esa interpretación —subraya— también forma parte de la enfermedad.
A la dimensión biológica y subjetiva se suma un tercer factor: lo social. “Puedo tener una enfermedad gravísima pero completamente curable y contar con los medios para tratarla. Sin embargo, si los demás creen que me voy a morir, esa representación social también impacta en cómo vivo mi proceso”, explica.
La enfermedad, entonces, no ocurre solo en el cuerpo: también se construye en el lenguaje, en los vínculos y en las expectativas colectivas.
Un vínculo médico-paciente en transformación
Este cambio de paradigma redefine también la relación entre médicos y pacientes. Mientras el profesional trabaja con evidencia objetiva, el paciente transita una experiencia profundamente subjetiva. Cuando ambas dimensiones no coinciden, aparecen tensiones, incomprensiones y frustraciones.
Para Pérez Marc, entender esa distancia es uno de los grandes desafíos de la medicina contemporánea. “No alcanza con tratar el órgano. Hay que comprender la narrativa que el paciente construye sobre su propia enfermedad”, concluye.