Hay jugadores que no se miden por títulos ni estadísticas, sino por lo que despiertan cada vez que su nombre vuelve a rodar. A 20 años de la muerte de José Luis “Garrafa” Sánchez, Banfield volvió a encender ese recuerdo con un emotivo homenaje audiovisual que recorrió las redes y tocó una fibra profunda en el corazón del fútbol argentino.
El video, acompañado por la frase “Garrafa eterno. A 20 años de su adiós, la zurda de José Luis Sánchez sigue presente en cada recuerdo”, repasa imágenes y momentos de un futbolista distinto, de esos que parecían jugar con la pelota atada al botín izquierdo. Un enganche clásico, creativo, irreverente, surgido del ascenso y moldeado en el potrero.
Sánchez llegó a Banfield en el 2000 y fue una pieza clave del equipo que logró el ascenso a Primera División en 2001. Ya en la máxima categoría, sostuvo su nivel y se dio el gusto de disputar la Copa Libertadores 2005, dejando su sello en una etapa que marcó al club. Zurdo exquisito, dueño de una pegada inconfundible, Garrafa representó una forma de jugar que hoy parece en extinción.
Antes y después del Taladro, su carrera tuvo paradas en clubes donde el fútbol se vive con pasión cruda: Deportivo Laferrere, El Porvenir y Bella Vista de Uruguay. En Laferrere, donde debutó y al que regresó varias veces, construyó su identidad y dejó una huella tan profunda como en Banfield. En el Sur y en el ascenso, su nombre todavía se pronuncia con respeto y cariño.
La vida de Garrafa se apagó demasiado pronto. El 8 de enero de 2006, a los 31 años, murió tras sufrir un accidente con su moto durante la pretemporada. Dos días antes, había intentado una maniobra que terminó siendo fatal. La noticia sacudió al ambiente del fútbol y dejó una sensación de injusticia difícil de explicar.
Con el paso del tiempo, la historia de Sánchez se volvió mito, relato de vestuario y símbolo de una época. A 20 años de su partida, Banfield volvió a recordarlo, pero también lo hizo el fútbol todo. Porque hay jugadores que no se van nunca. Garrafa Sánchez es uno de ellos: talento puro, zurda eterna y memoria viva del ascenso argentino.