Novak Djokovic lo hizo otra vez. Cuando el calendario aprieta, cuando la lógica empuja hacia el recambio y cuando enfrente está el campeón vigente, el serbio vuelve a romper cualquier pronóstico. A los 38 años, Nole derrotó a Jannik Sinner en cinco sets y se metió en la final del Abierto de Australia, demostrando que su tenis sigue siendo de élite y que su vigencia no admite discusión.
El triunfo por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4, tras 4 horas y 9 minutos de juego, fue una nueva obra de resistencia, inteligencia y temple competitivo. Djokovic destronó al actual campeón del torneo y cortó una racha adversa ante el italiano, para volver a una final de Grand Slam en el escenario donde construyó gran parte de su leyenda.
El partido fue una montaña rusa. Sinner comenzó firme, apoyado en su potencia y en piernas más frescas, y se quedó con el primer set. Pero Djokovic, fiel a su ADN, ajustó el servicio, acortó los puntos y empezó a inclinar el trámite desde la cabeza. Cada game fue una batalla, cada intercambio un recordatorio de que el serbio sigue entendiendo el tenis como pocos.
El italiano volvió a golpear en el tercer set y dejó al balcánico contra las cuerdas. Sin embargo, lejos de rendirse, Nole sacó a relucir su espíritu indomable. Quebró temprano en el cuarto parcial y defendió la ventaja con autoridad para llevar la semifinal al quinto set, en una Rod Laver Arena rendida ante su capacidad de supervivencia.
En el capítulo final, Djokovic convivió con el peligro durante largos pasajes. Salvó oportunidades de quiebre, sostuvo su saque con precisión quirúrgica y, cuando llegó el momento justo, volvió a lastimar. El cierre fue tan ajustado como simbólico: el campeón de mil batallas imponiéndose una vez más al presente dominante del circuito.
Consumada la victoria, la emoción se apoderó del estadio. Djokovic no pudo contener las lágrimas mientras saludaba al público, visiblemente conmovido por lo que acababa de lograr. En su banco, la imagen fue igual de potente: su entrenador rompió en llanto mientras escuchaba a Nole hablar tras una victoria que volvió a desafiar el paso del tiempo.
El domingo, Djokovic irá por otra página dorada en su carrera cuando enfrente a Carlos Alcaraz, el número uno del mundo, en la final del primer Grand Slam de la temporada. Juventud contra experiencia, presente contra leyenda. En Melbourne, Novak Djokovic ya dejó claro que sigue estando donde siempre: en la cima del tenis mundial.