Sevilla necesitaba una respuesta y la encontró en casa. En el Ramón Sánchez-Pizjuán, el conjunto dirigido por Matías Almeyda derrotó 2-1 al Athletic Club y logró un triunfo que le dio aire en la tabla y alivio a un equipo que venía golpeado por los resultados.
El partido no fue sencillo. Athletic propuso un trámite intenso y obligó al local a convivir con errores y momentos de zozobra, pero Sevilla mostró una versión más firme, supo reponerse y terminó imponiéndose con actitud y determinación. Esa reacción fue, justamente, el aspecto que más valoró Almeyda al final del encuentro.
Visiblemente emocionado, el entrenador argentino destacó el compromiso de sus dirigidos y la manera en la que afrontaron un contexto adverso. Remarcó la entrega del plantel, la capacidad para levantarse tras los golpes y el respaldo de la gente, que acompañó en un momento delicado del campeonato.
Almeyda también envió un mensaje hacia adentro del club: reconoció que al equipo aún le faltan cosas por corregir, pero subrayó que el carácter, la dignidad y el espíritu competitivo son innegociables. En ese sentido, sostuvo que esa identidad es la base para salir adelante en una liga cada vez más exigente.
El triunfo no solo cortó una serie de resultados negativos, sino que permitió al Sevilla sumar puntos vitales y recuperar confianza. En una temporada ajustada y sin márgenes, la victoria ante Athletic fue mucho más que un buen resultado: fue una señal de vida y un desahogo emocional que tuvo en Almeyda su imagen más elocuente.