Historias contemporáneas

La noche cuando estuve con Sabina y Paula

Un recuerdo en primera persona, escrito por Hilda López.
jueves, 13 de febrero de 2020 · 17:35

Hoy está "estable" de su operación cerebral, Joaquín Sabina. Como siempre le ocurrió: algo de provocación tiene su presencia en los escenarios del mundo, y cuando se trata de Madrid, con más razón: hay registros de problemas de salud cada vez que le toca actuar en la capital española.

Se cayó del escenario en pleno recital cuando actuaba junto a Joan Manuel Serrat. Inmediatamente repuesto del golpe, se hizo presente en el escenario al borde de una silla de ruedas empujada por el propio Serrat. Habló, se disculpó, cerró el recital y prometió volver en mayo.

Sin embargo, será una promesa difícil de cumplir, al menos en fecha tan exacta, ya que fue operado del cerebro, lo que significa una cuestión (al menos) delicada.

Recuerdo a Joaquín en una noche única en mi vida y la comparto: Cercano al inicio del año 2000 y viviendo temporariamente en Buenos Aires, visitaba con frecuencia el Bar del Chino en el barrio de Pompeya. Ese lugar (perpetuado en un documental) era pequeño y poblado de gente que llegaba de todos los lugares para ver y escuchar al Chino, viejo comandante de la noche, y de una mujer que cantaba maravillosamente con el nombre de La Calandria, vecina del barrio.

Ese sábado llegué con mi hijo y un par de amigos. Allí estaba Juan Carlos Baglietto con la que era entonces su esposa Jorgela, un hermano de ella, Adrián Abonizzio,y Joaquín Sabina acompañado por una jovencita de cara lavada.

Nos saludamos expresivamente con mi amigo Baglietto y el tano y me presentó a Sabina.

Entre muchas voces, vinos, brindis, se fueron algunos y otros quedamos. La noche avanzaba sin apuro y Sabina ya se encontraba sentado en el centro del lugar en un incómodo banco, a mi lado. Acompañaba con la guitarra a todo aquel que quisiera cantar, sin buscar oportunidad para su esperado y descontado lucimiento. Estaba entre amigos y en eso él era un maestro.

Yo le alcanzaba los vasos de wisky que el Chino me acercaba. En mi papel de camarera o moza, estaba feliz. Un poco más atrás y en un banco compartido, estaba esa jovencita llamada Paula. gasté algunas bromas con Sabina relacionada con la diferencia de edad que se observaba a simple vista. El respondió: "pregúntale a ella, si le importa". Reímos y claro, no le importaba: era la inspiradora de su tema "Dieguitos y Mafalda", la que lo convirtió en un fanático boquense.

Era delgada, con cabello suelto y cara limpia, una piba como muchas, pero única para Joaquín enamorado. Nos quedamos hasta que se cerró el boliche. Nos dijimos chau y hasta pronto. Paula sonrió tímidamente y partieron abrazados.

A Joaquín lo encontré y estoy con él en cada canción que admiro y disfruto. La historia tiene su vuelta: Paula es contadora, tiene dos hijos y estuvo en la lista de candidatos para la conducción de Boca. Mientras tanto Sabina, lucha por sobrevivir (una vez más), y seguir trepando los sueños que cantan. Así la vida.

Por Hilda López

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