El cielo se cerró justo cuando el festejo empezaba. La lluvia cayó sobre la plaza Próspero Molina como un desafío más, pero lejos de enfriar el clima, terminó de sellar una noche histórica. Soledad Pastorutti volvió a Festival Nacional de Folklore de Cosquín para celebrar tres décadas de carrera en el mismo escenario que la vio nacer artísticamente, esta vez con una multitud que eligió quedarse, empaparse y acompañarla.
Treinta años atrás, una adolescente de Arequito subía por primera vez al Atahualpa Yupanqui sin imaginar que ese debut marcaría un quiebre en el folklore argentino. Aquella noche de 1996 fue el punto de partida. Esta vez, el regreso tuvo otro peso. No se trató solo de un show, sino de una celebración cargada de memoria, agradecimiento y emoción compartida.
La salida al escenario ya anticipó el tono del homenaje. La Sole apareció elevada, envuelta en una puesta imponente, mientras el público respondía con una ovación sostenida. La lluvia, lejos de dispersar, unificó. Cada canción fue coreada como un ritual colectivo, con la sensación de estar siendo parte de un momento que no se repetiría.
Visiblemente conmovida, la cantante eligió correrse del artificio para hablar desde un lugar íntimo. “Soy esa niña… Soy esa mujer… Gracias Cosquín!!! #30AñosDeSoledad”, escribió más tarde, sintetizando en pocas palabras el recorrido de una artista que creció a la vista de todos sin perder identidad.
El festejo también fue un reencuentro. Natalia Pastorutti se sumó al escenario para revivir canciones que remiten directamente a aquel debut compartido, cuando ambas dieron sus primeros pasos frente al público. Ese cruce entre pasado y presente terminó de reforzar el clima de celebración familiar que atravesó toda la noche.
Hubo, además, invitados que ampliaron el sentido del homenaje y confirmaron el alcance transversal de su figura. Desde nuevas generaciones hasta voces consagradas, el escenario se convirtió en un espacio de encuentro donde la trayectoria de Soledad funcionó como punto de unión. Entre ellos, se destacó la participación de Cazzu, en un cruce inesperado que fue recibido con entusiasmo.
A lo largo del show, Soledad Pastorutti recorrió distintas etapas de su carrera sin caer en la nostalgia fácil. Cada canción sonó actual, viva, sostenida por una artista que no celebra solo el pasado, sino un presente activo y un vínculo intacto con su público.
Cuando la última nota se apagó y la lluvia siguió cayendo, quedó claro que la noche no había sido solo un aniversario. Fue una confirmación. Treinta años después, La Sole sigue vigente en Cosquín y demostrando que no se olvida de las raíces que la vieron nacer.