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Lunes 12 de Enero, Neuquén, Argentina
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Las mayores olas que golpearon las costas de Sudamérica en los últimos 50 años: historia, tragedias y ciencia del mar

El mar guarda recuerdos poderosos y, en ocasiones, trágicos. América del Sur, bañada por dos grandes océanos, ha sido testigo de fenómenos marinos extraordinarios en las últimas décadas

Lunes, 12 de enero de 2026 a las 22:16
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Más allá del caso reciente que conmovió a la Argentina, la historia muestra que las olas gigantes y los tsunamis también han marcado ciudades, desafiado a la ciencia y dejado lecciones profundas sobre la fuerza de la naturaleza.

 1. Chile 2010: el tsunami más devastador del siglo XXI en Sudamérica

El 27 de febrero de 2010, un terremoto de magnitud 8.8 cerca de la costa central de Chile provocó uno de los tsunamis más fuertes jamás registrados en el continente. Las olas generadas alcanzaron hasta 29 metros de altura en algunos sectores de la costa chilena, golpeando con fuerza localidades como Constitución, Dichato y Talcahuano.

A medida que el tsunami avanzaba, mares de diferentes regiones sintieron su efecto: incluso en las Islas Juan Fernández y Rapa Nui se registraron olas significativas del oleaje que cruzó el Pacífico.

Este evento dejó a Chile y a varios países de la costa pacífica alertas y evacuaciones masivas, con cientos de vidas perdidas y un impacto económico profundo.

 2. Eventos sísmicos menores y olas notables en Perú – 2007

El 15 de agosto de 2007, un terremoto de magnitud cercana a 8.1 sacudió la costa del centro y sur de Perú, especialmente las zonas de Ica y Pisco. Este seísmo generó un tsunami local con olas de hasta 10 metros de altura, que dañaron zonas costeras cercanas.

Aunque el impacto fue más localizado y menos devastador que en Chile, este fenómeno dejó claro que el litoral peruano también es vulnerable a olas gigantes cuando ocurre un terremoto de gran magnitud en las profundidades del océano Pacífico.

 3. Chile 2015: olas menores pero registro importante

El 16 de septiembre de 2015, un sismo de magnitud 8.3 frente a Illapel (Chile) produjo un tsunami que fue observado a lo largo de la costa y medido en varias estaciones costeras. Aunque las olas no alcanzaron la magnitud del evento de 2010, en zonas como Coquimbo y La Serena se registraron alturas de hasta 4.5 m y más de 6 m de inundación máxima, dejando daños materiales y reforzando la conciencia de riesgo en la población.

 ¿Sudamérica puede esperar olas más grandes todavía?

El registro científico y histórico confirma que la región más vulnerable de Sudamérica es la costa del Pacífico, en especial Chile y Perú, debido a la interacción entre la placa de Nazca y la Sudamericana. Esta zona tectónica genera terremotos de gran magnitud que tienen potencial de desencadenar tsunamis.

Aunque no siempre se producen olas gigantes en todas las costas, los estudios muestran que hay una historia recurrente de eventos que pueden dejar olas significativas, y la planificación y alerta temprana son esenciales para salvar vidas.

Qué domina la fuerza de una ola gigante o tsunami

A diferencia del oleaje común generado por viento, los tsunamis son causados principalmente por:

  • Grandes terremotos submarinos que desplazan verticalmente el lecho marino.

  • Deslizamientos submarinos y erupciones volcánicas bajo el mar.

  • Fenómenos atmosféricos extremos que pueden generar meteotsunamis —olas provocadas por cambios rápidos de presión— como el ocurrido recientemente en la costa atlántica argentina.

Los tsunamis pueden recorrer el océano a cientos de kilómetros por hora y, cuando llegan a aguas poco profundas, su energía se concentra y sus olas se elevan, generando el impacto devastador sobre las costas.

Una historia que sigue escribiéndose

Los registros de tsunamis y olas más impactantes en Sudamérica están fuertemente concentrados en Chile y Perú, aunque los mares de Brasil, Uruguay y Argentina también pueden verse afectados indirectamente por fenómenos oceánicos —como olas de marejadas o meteotsunamis— que no siempre son tan previsibles como los tsunamis clásicos.

Mientras la ciencia continúa mejorando los sistemas de alerta temprana y las comunidades costeras profundizan su preparación, la memoria de los eventos pasados nos recuerda que ninguna costa está completamente libre del riesgo cuando el océano se enoja.

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