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Lunes 12 de Enero, Neuquén, Argentina
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El reencuentro que nunca fue: volvió de Europa y una ola se llevó su vida

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había caminado por la arena de su ciudad natal. Desde Francia, donde se había instalado para construir su futuro,

Lunes, 12 de enero de 2026 a las 21:46
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Yair Amir Manno Núñez soñaba con volver. Volver a los abrazos de su familia, a las charlas interminables con sus amigos, a ese mar que lo había visto crecer. Volver a casa.

Tenía 29 años y una vida por delante. Proyectos, planes, una pareja, viajes por hacer. Y sobre todo, una certeza: que ese verano iba a ser especial. Por eso regresó a la Argentina. Para reencontrarse con los suyos. Para recuperar tiempo perdido. Para volver a sentir que, más allá de cualquier país, siempre hay un lugar al que uno pertenece.

Pero el destino fue cruel.

Aquella tarde, la Costa Atlántica estaba llena de familias, chicos jugando, parejas caminando de la mano. El mar estaba calmo. Nadie podía imaginar lo que iba a ocurrir minutos después. De repente, el agua se retiró de la orilla y regresó con una violencia imposible de prever. Una ola gigantesca, provocada por un fenómeno llamado meteotsunami, irrumpió en la costa y convirtió el paisaje en una escena de caos y desesperación.

Yair estaba allí.

El golpe fue brutal. La corriente lo arrastró contra las rocas con una fuerza que no dio margen de escape. Guardavidas y rescatistas intentaron ayudarlo, pero las heridas fueron demasiado graves. En cuestión de minutos, su historia se apagó en el mismo mar que tantas veces había mirado de chico.

Mientras tanto, alrededor suyo, más de treinta personas resultaban heridas. Gritos, llantos, gente corriendo, padres buscando a sus hijos, turistas sin entender qué estaba pasando. Pero para la familia de Yair, el mundo se había detenido en un solo punto: el instante en que comprendieron que ya no volverían a abrazarlo.

Había vuelto para verlos. Para compartir tiempo. Para sentarse a la mesa, escuchar historias, reírse, planear el futuro. Nadie imagina que un reencuentro puede convertirse en despedida.

Desde Francia, donde estaba construyendo su vida, hoy quedan mensajes sin responder, sueños inconclusos, una habitación que lo espera. En Mar del Plata, su ciudad, queda el recuerdo de un chico que se fue a buscar su lugar en el mundo y regresó solo para despedirse sin saberlo.

La tragedia dejó una herida abierta no solo en una familia, sino en todos los que creen que el mar es siempre un refugio. A veces, también puede ser un abismo.

Yair había vuelto a casa.
Pero el destino decidió que ese regreso fuera el último.

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