El tren se sacudió con una violencia imposible de anticipar. Hubo un golpe seco, después otro, y enseguida el ruido del metal retorciéndose. Vagones que se salían de eje. Gritos. Oscuridad. Confusión. En segundos, el trayecto cotidiano se convirtió en una escena de horror.
Entre los pasajeros estaba el argentino Merakio, quien viajaba junto a su pareja cuando ocurrió el descarrilamiento y choque de trenes en el sur de España, a la altura de Córdoba. Ambos sobrevivieron. Otros no.
“Pensé que no salíamos”, fue una de las primeras frases que logró decir después del impacto.
El segundo en que todo cambió
No hubo aviso previo. No hubo tiempo para reaccionar. El movimiento fue tan brusco que muchos pasajeros terminaron en el piso, golpeados, desorientados. El tren quedó detenido en medio de la nada, con vagones cruzados sobre las vías y personas atrapadas sin saber qué estaba pasando afuera.
Algunos intentaron salir por las ventanas. Otros se quedaron quietos, paralizados, esperando que alguien diera una orden. El miedo no era solo al dolor: era no saber si iba a venir otro impacto.
Desde el interior del vagón, Merakio empezó a registrar lo que veía. No por trabajo. Por instinto. Para avisar que estaban vivos. Para dejar constancia de lo que estaba pasando.
“Hay heridos, hay gente muy mal”, relató mientras caminaba por la vía, rodeado de hierros retorcidos, mochilas tiradas y personas en shock.
Sirenas, rescates y una noche interminable
El operativo de emergencia tardó minutos que parecieron horas. Ambulancias, bomberos y policías llegaron a una escena que parecía sacada de una película, pero sin cámaras ni ficción. Solo cuerpos reales, dolor real y decisiones urgentes.
Las autoridades confirmaron decenas de heridos y víctimas fatales, mientras los equipos de rescate trabajaban contrarreloj para liberar a quienes habían quedado atrapados. El tráfico ferroviario quedó totalmente interrumpido y cientos de familias comenzaron una espera angustiante por noticias.
Para quienes estaban dentro del tren, la noche no terminaba. El frío, el cansancio y la adrenalina se mezclaban con una certeza difícil de digerir: habían estado a segundos de no contarlo.
Sobrevivir también deja marcas
Merakio y su pareja lograron salir ilesos físicamente, pero el impacto fue mucho más profundo que un golpe. “Después entendés lo cerca que estuviste”, dijo más tarde. “Y eso no se va rápido”.
El video y los relatos del argentino se viralizaron en pocas horas. No por espectacularidad, sino por humanidad. Porque mostraban lo que casi nunca se ve: el después inmediato del horror, cuando todavía nadie sabe cuántos faltan.
Una tragedia que deja preguntas abiertas
Las causas del accidente todavía están bajo investigación. España analiza ahora qué falló en uno de sus sistemas ferroviarios más utilizados. Mientras tanto, el país intenta asimilar una tragedia que interrumpió viajes, rutinas y vidas.
Para algunos, fue una noticia más.
Para otros, fue el último viaje.
Y para quienes sobrevivieron, como este argentino, será un recuerdo imposible de borrar.
Porque hay viajes que no terminan cuando el tren se detiene.
Terminan mucho después, cuando el silencio vuelve…
y uno entiende que estuvo a centímetros del final.