El Gobierno nacional sigue de cerca la escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán y no descarta activar un protocolo especial de seguridad si el escenario internacional continúa deteriorándose. En la Casa Rosada aseguran que el análisis se intensificó en las últimas horas, en paralelo al endurecimiento del cruce discursivo y militar entre Washington y Teherán.
Según fuentes oficiales, se trata de un esquema preventivo que ya fue aplicado en ocasiones anteriores y que contempla alertas, refuerzo de controles y coordinación directa entre el Ministerio de Seguridad y la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). La eventual puesta en marcha dependerá del nivel de riesgo concreto, y no solo de declaraciones públicas.
Desde Balcarce 50 indicaron que se reforzaron los controles en la zona de la triple frontera y que se avanza en una reorganización territorial de inteligencia en el norte del país, con cambios operativos y de delegados. En el oficialismo reconocen debilidades históricas en los ingresos al país por esa región y sostienen que buscan reducir filtraciones en el mediano plazo.
El monitoreo local se da en un contexto de creciente tensión en Medio Oriente. Estados Unidos desplegó fuerzas navales en la región y volvió a advertir sobre una posible acción militar, mientras que Irán anunció el refuerzo de su capacidad defensiva y prometió una respuesta contundente ante cualquier ataque.
El escenario se complejiza además tras la decisión del Gobierno argentino de declarar organización terrorista a la Fuerza Quds, el brazo externo de la Guardia Revolucionaria iraní. La medida fue oficializada en enero y generó una reacción pública de Teherán, que advirtió que respondería “de manera adecuada”.
En el Ejecutivo relativizan esas advertencias y aseguran que hubo amenazas más severas en el pasado. También ratifican el alineamiento político con Estados Unidos y el respaldo a sus movimientos internacionales.
El foco del análisis oficial está puesto en tres ejes principales: el control de ingresos y movimientos transfronterizos, la coordinación de información de inteligencia y la revisión de protocolos de seguridad en objetivos estratégicos y representaciones sensibles.
Además, el Gobierno mantiene canales de contacto activos con agencias de seguridad e inteligencia de países aliados, como Estados Unidos, Israel e Italia, con el objetivo de anticipar movimientos financieros, logísticos o de personas que puedan encender alertas tempranas en un contexto internacional cada vez más volátil.