Un arranque que marcó el tono
La apertura de sesiones ordinarias dejó un clima áspero desde el primer tramo del discurso de Javier Milei. Lo que debía ser un balance institucional derivó rápidamente en cruces verbales con legisladores opositores.
“Ustedes pueden aplaudir también porque soy presidente de ustedes aunque no les guste”, dijo al inicio, en un mensaje dirigido a las bancadas que no acompañan al oficialismo.
Minutos después, el tono subió. “No pueden aplaudir porque se les escapan las manos en bolsillos ajenos”, lanzó desde el estrado.
El momento más tenso
En uno de los pasajes más confrontativos, el Presidente afirmó que la oposición “tiene a su líder presa” y mencionó causas judiciales vinculadas a Cristina Fernández de Kirchner.
En medio de las interrupciones, gritó:
“Manga de ladrones, manga de chorros”, dijo entre gritos.
Más adelante volvió a cargar contra las bancadas opositoras: “Los chorros son ustedes”.
El intercambio elevó el nivel de tensión en el recinto y dejó varios tramos del discurso atravesados por murmullos y respuestas desde las bancas.
“Kukas” y burlas desde el estrado
En otro tramo, Milei afirmó: “Kukas, me encanta domarlos, me encanta hacerlos llorar”, mientras desde sectores oficialistas bajaban cánticos. “Tienen razón”, respondió.
También protagonizó un cruce con una legisladora de izquierda, a quien interpeló desde el estrado con una referencia irónica.
Justicia social y datos en disputa
Mientras defendía el rumbo económico de su gestión, el mandatario calificó a la “justicia social” como “un robo” y sostuvo que “implica un trato desigual frente a la ley y está precedido de un robo”.
En respuesta a cuestionamientos desde la oposición, expresó: “Qué alergia le tienen a los datos”, al referirse a indicadores económicos mencionados durante su exposición.
Un recinto dividido
La nueva composición del Congreso dejó numerosas bancas del bloque peronista vacías. Solo un grupo reducido de legisladores opositores estuvo presente durante la intervención presidencial, que se extendió entre balances de gestión, definiciones internacionales y constantes confrontaciones.
El discurso cerró con gestos políticos hacia aliados y referencias al alineamiento internacional del Gobierno, pero la escena que dominó la jornada fue otra: un recinto atravesado por gritos, acusaciones y un tono que dejó poco margen para la tregua parlamentaria.