La lluvia no daba tregua y la acequia era una trampa oscura de barro, agua y silencio. Ahí adentro, atrapados y sin posibilidad de escapar, una perra y sus siete cachorros recién nacidos luchaban por sobrevivir. Afuera, entre vecinos, rescatistas y bomberos, una joven de 25 años tomó una decisión que lo cambió todo.
Celeste Yañez, oriunda de Guaymallén, no dudó. Se puso lo que encontró a mano, respiró hondo y se metió donde nadie más se animaba. Lo hizo sabiendo que el riesgo era alto, que el espacio era mínimo y que cualquier error podía terminar mal. Pero también sabiendo que, si no entraba alguien, los perros no iban a salir.
El operativo se desarrolló en Villanueva, en la intersección de las calles Libertad y N° 1. Hacía horas que intentaban rescatar a los animales, con la participación de vecinos, la ONG Salvando Patas y los Bomberos del Cuartel Central. El problema era la distancia y el peligro: la acequia tenía sectores apuntalados, oscuridad total y barro que hacía imposible moverse con facilidad.
“Me desperté, vi la noticia y dije: hay que hacer algo”, contó Celeste más tarde. Junto a su pareja llegó al lugar y entendió de inmediato la magnitud del problema. Los cachorros estaban muy adentro, todavía sin abrir los ojos, y el agua seguía corriendo.
Los bomberos le explicaron el riesgo y, en un primer momento, intentaron disuadirla. Pero Celeste se mantuvo firme. Un vecino le alcanzó un mameluco blanco y los rescatistas le ataron una cuerda a los tobillos: era la única forma de poder sacarla si quedaba atrapada.
Dentro de la acequia, el miedo fue constante. La visibilidad era casi nula, había insectos, arañas y el agua corría sin pausa. “Empecé a rezar mucho. Nunca había estado en un lugar así”, recordó. Con la ayuda de un secador de pisos, fue sacando uno por uno a los cachorros, mientras la madre los miraba y lloraba desde el fondo.
Cada ingreso era una lucha contra el cansancio, el barro y la angustia. En uno de los últimos intentos, Celeste quedó parcialmente atascada. “Si no hubiera sido por el barro y la soga, no salía”, relató. Minutos después, la madre de los cachorros también pudo ser rescatada.
El final fue el mejor posible: los siete cachorros y su mamá sobrevivieron y quedaron bajo resguardo, a la espera de un hogar. Celeste, empapada y exhausta, salió de la acequia convertida en heroína.
Lejos de buscar reconocimiento, dejó un mensaje que resume el espíritu de su acción: “Está todo muy feo, hay mucha crueldad. Por eso es importante mirar al costado y ayudar. No solo a los animales, en todo”.
Una historia simple y enorme a la vez. De esas que recuerdan que, incluso en medio del barro, todavía hay gestos que iluminan.