CUANDO NO HAY CONFIANZA

Justicia por mano propia: del ingeniero Santos a Martincito

Los casos de justicia por mano propia han generado un fuerte debate en todo el país.
domingo, 22 de noviembre de 2020 · 00:00

El 16 de junio de 1990, Horacio Santos, ingeniero y de 42 años, persiguió en su auto a dos hombres que le habían robado el estéreo del auto. Los alcanzó y mató de dos balazos en la cabeza a Osvaldo Aguirre, de 29 años, y a Carlos González, de 31. Fue condenado a 3 años de prisión por “exceso en legítima defensa”. Hasta el día de hoy, ese caso se debate entre quienes lo justificaron por “hacer justicia por mano propia” y sus detractores.

Las crónicas policiales también resaltaron que el 13 de septiembre de 2016, el carnicero Daniel Oyarzún persiguió a los dos ladrones que habían entrado a robar a su negocio. Iban en moto. Los embistió con su auto, cayeron y a uno lo aplastó contra un poste. Oyarzún fue absuelto en un juicio, porque se consideró que actuó en “legítima defensa”.

¿Qué es la Justicia por mano propia?. Alejandro Grimson, sociólogo, antropólogo e investigador del CONICET opina que:

“En primer lugar diría que estamos hablando de injusticia por mano propia, porque la justicia por mano propia no existe. Lo que estamos hablando son casos de injusticia que procuran castigar a presuntas personas que han cometido robos o que ha cometido cualquier intento, pero que ningún juez estableció que eso es de esa manera, y mucho menos una condena que una persona merece en función de determinado intento o determinado robo. Es crucial combatir moralmente y a través de la plena vigencia de la ley, todos los actos que impliquen un delito y sean ejercidos por víctimas anteriores de un delito o por quien sea”. (Radio Nacional).

La madrugada del 14 de octubre, Franco Ezquiel Merluccio fue asesinado de cinco puñaladas en el barrio Melipal de Neuquén. Los acusados de ser autores del hecho vivían a pocos metros. Hijos de policías y, según los vecinos, gente de mal vivir. Hubo una pueblada y unas 60 personas quisieron lincharlos cuando por whatsApp circuló la versión de que habían quedado libres y en su casa.

El pasado 2 de noviembre, en una pequeña vivienda de Villa Obrera, en la localidad de Centenario, murió quemado Rigoberto Godoy. Tenía 65 años y había sido denunciado por una mujer de haber abusado de sus pequeñas hijas. Un grupo de 50 personas rodeó su vivienda, la prendó fuego e impidió que lograra salir al exterior. La Justicia determinó que las nenas no tenían signos de abuso.

La tarde del 6 de noviembre, vecinos enardecidos del barrio San Lorenzo prendieron fuego la casa de un adolescente al que le atribuyeron los constantes robos en toda la barriada. El caso trascendió y el nombre de “Martincito” se conoció por todo el país. La mayoría de sus andanzas no constan en registros policiales. El vecindario buscó “ajusticiarlo” y logró no solo quemarle y derrumbarle la casa sino echarlo del barrio junto a toda su familia.

Para Federico Egea, abogado de la organización Zainuco de Neuquén:

“La Justicia por mano propia está directamente relacionada con la ausencia del Estado. El linchamiento está íntimamente ligado con la obligación del Estado de hacer Justicia en términos objetivos. El Estado te dice ‘vos no hagas justicia, porque yo voy a hacer eso’, pero cuando el Estado se corre de ese lugar, un sector de la sociedad busca tomar ese lugar. Cuando los medios hablan de bajar la edad de imputabilidad, de que los delincuentes entran y salen al otro día de la cárcel o cuando el mismo policía te dice que no puede hacer nada porque los jueces ponen enseguida en libertad al culpable, se está fogonenado, justamente, el hacer justicia por mano propia”. (Cenizas y Diamantes, 750 Neuquén)

En casi todos los casos, el argumento es que “la Policía no hace nada” o que “La Justicia hace que entren por una puerta y salgan por otra”.

En esta época de pandemia, el comercio de bicicletas floreció a niveles inéditos en nuestra zona. A tal punto que el robo de bicicletas se convirtió en los hechos más reiterados. Esto obligó a los ciclistas no solamente a salir más alertas a las calles, sino a organizarse para salir en grupos con palos o cadenas, o al límite de llevar “un arma” por si acaso.

El abogado Marcelo Hertzriken Velasco, ex defensor oficial del Poder Judicial de Neuquén, opinó que:

“Justicia por mano propia y linchamiento son componentes indivisa de una práctica absolutamente reñida con los Derechos Humanos. Hace escasos 75 años del dictado el veredicto de Nüremberg, que puso fin a una de las tragedias más grandes de la humanidad y a 72 años de vigencia de la declaración de los Derechos Humanos, es un atraso significativo ponderar, difundir y legitimar el uso de la fuerza en venganza, la ejecución sin proceso, la imposición de una pena sin proceso previo, que nos devuelve a una estado anterior de animalidad y de no delegación de exclusivo uso de la fuerza en manos de la autoridad pública”.

“Me tocó, entre los 28 y 38 años de edad, ser defensor oficial de la zona norte de Neuquén y ser fiscal y juez subrogante, y me han tocado casos relacionados con legítima defensa o exceso en legítima defensa que pueden emparentarse con conductas no propiciadas por el ordenamiento legal, pero sí permitidas”, recordó.

“Recuerdo un caso, el de Rudecindo Gualmes del paraje Colipilli, que dio muerte a puñaladas a un vecino de su campo. El detalle es que ese vecino, desde añares, lo azotaba a latigazos, y en esa ocasión también lo hizo. El joven manifestó esa situación. Lo llamó malvividor, le dispersaba los animales y lo azotaba con un látigo. Terminó siendo un caso de estado de emoción violenta. Tuvo un homicidio atemperado, porque se probó que en el momento de ser azotado ejerció su derecho de legítima defensa”.

También “otro caso en Las Ovejas de los hermanos Labra, cuando un vecino Zigifrdo Bucarey les ocultaba unos caballos y no les daba de comer y los dejaba sin agua para que mueran. Los Labra rastrearon los caballos hasta que los encontraron. Y fueron a interpelarlo y se efectuaron disparos con armas de fuego. También se entendió que fue en legítima defensa”.

Y finalmente hizo mención de otro caso en el que le tocó intervenir. “Ruperto Hesler, en Villa Curi Leuvú, tenía una plantación de maíz y estaba cansado que se la diezmaran. Una vez entró un barraco, y le empezó a comer el maíz. Ruperto Hesler sacó una escopeta y mató al chancho. Fue enjuiciado por maltrato animal, y terminó absuelto por el ejercicio de una defensa extraposesoria. En ese caso el Código Civil autoriza a hacer justicia por mano propia frente a situaciones de inminencia".

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