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Martes 10 de Febrero, Neuquén, Argentina
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Colonia menonita en La Pampa: la primera mujer que escapó fue golpeada y sus hijas secuestradas en plena calle

María Unger Reimer, logró escapar de la colonia menonita Nueva Esperanza, pero fue brutalmente atacada por su exmarido en Guatraché y denunció el secuestro de sus dos hijas en Santa Rosa. Su testimonio revela la violencia, las reglas estrictas y el sometimiento que aún dominan dentro de la comunidad.

Martes, 10 de febrero de 2026 a las 17:21
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La colonia menonita Nueva Esperanza, en La Pampa, mantiene reglas estrictas que someten a las mujeres y controlan cada aspecto de la vida cotidiana.

La tarde del 8 de febrero de 2026, en Guatraché, María fue atacada por su exmarido C.B., quien la persiguió con un bidón de nafta y la golpeó salvajemente frente a sus hijas. La mujer logró escapar y fue hospitalizada con lesiones graves. Desde la cama del hospital, firmó una denuncia que destapó años de maltratos, amenazas y el secuestro de sus hijas.

María había sido la primera mujer en huir de la colonia en 2019, cansada de las golpizas y las leyes estrictas que someten a las mujeres. Su fuga fue un acto de supervivencia: dejó atrás a sus hijas porque no pudo sacarlas en ese momento, luego se llevó a una dde ellas. Desde entonces, vive en Tucumán, pero la violencia la persigue incluso fuera de la comunidad.

La colonia menonita Nueva Esperanza, ubicada en La Pampa a unos 150 kilómetros al sudeste de Santa Rosa y a 509 de General Roca, comenzó a conformarse en 1986 con familias que llegaron principalmente desde México. Allí viven bajo un estricto estilo de vida religioso y tradicional, caracterizado por la ausencia de electricidad en los hogares, sin internet, celulares ni televisión. Se desplazan en carretas y caballos, cultivan sus propios alimentos y trabajan la tierra y la metalúrgica con métodos manuales, manteniendo idioma y cultura germánica.

Aunque la realidad muestra otra cara. La diferencia entre hombres y mujeres es abismal: ellos gozan de libertades fuera de la colonia, mientras que las mujeres son sometidas y castigadas por cualquier error. María en una entrevista con Diario Textual asegura que el miedo es ley y el silencio obligatorio, y que desde adolescentes las jóvenes son empujadas al matrimonio sin posibilidad de decidir.

El regreso de María a La Pampa por la enfermedad de su madre terminó en tragedia. Intentó favorecer el vínculo de su hija con su padre, pero lo que debía ser un encuentro terminó en una golpiza brutal. Alcoholizado, el exmarido intentó abusar de ella y la amenazó con prender fuego a toda la familia. Solo la huida desesperada evitó una tragedia mayor.

María Unger Reimer, golpeada y marcada por la violencia, denuncia el secuestro de sus hijas en plena calle de Santa Rosa. Foto Diario Textual.

Creyendo estar a salvo, María alquiló un departamento en Santa Rosa. Pero allí ocurrió lo impensado: un grupo de menonitas, entre ellos su ex, apareció en una camioneta y se llevó por la fuerza a sus hijas en plena calle. La escena quedó registrada en otra denuncia penal. La persecución contra quienes se atreven a escapar de la colonia parece no tener fronteras.

Reclamo a la justicia

Aunque hubo demoras policiales y denuncias formales, las medidas de restricción nunca se dictaron. María reclama que los jueces y fiscales comprendan la situación real: sus hijas no deciden libremente, están presionadas y manipuladas dentro de la comunidad.

Hoy, María asegura que contar su historia es la única forma de proteger a sus hijas y de exponer lo que ocurre dentro de la colonia menonita. “Salir cuesta la vida. Quedarse, también”, repite. Su testimonio revela un sistema de sometimiento disfrazado, donde las mujeres son silenciadas y los hombres actúan con impunidad. Su lucha es recuperar a sus hijas y evitar que el miedo siga marcando generaciones.

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