La tragedia golpeó de lleno a Chimpay y dejó una herida imposible de cerrar: un bebé de apenas un año murió tras caer el auto que manejaba su propio padre, un adolescente de solo 17 años. El violento despiste y vuelco ocurrió en plena mañana y ahora la Justicia investiga si el joven conductor estaba bajo los efectos del alcohol. Ya se le extrajo sangre en el hospital local y los resultados serán clave para definir responsabilidades.
El hecho se registró cerca de las 9.50 en la intersección de 9 de Julio Norte y Los Claveles, un sector urbano de la localidad. Según el informe oficial, el Renault Sandero en el que viajaba la familia circulaba en sentido noroeste-sureste cuando, por razones que aún se intentan establecer, el conductor perdió el control del vehículo. En cuestión de segundos, el auto se despistó, volcó y terminó cayendo dentro de un canal.
Dentro del habitáculo viajaban tres personas: el conductor, su pareja de 16 años y el hijo de ambos, un bebé de un año. El impacto fue brutal. El pequeño quedó atrapado en el interior del rodado y, pese a los esfuerzos posteriores, murió como consecuencia de las graves lesiones sufridas. La escena fue desgarradora y conmocionó incluso a los efectivos que intervinieron en el lugar.
A partir de la gravedad del hecho, tomó intervención el Gabinete de Criminalística del Valle Medio. Los peritos realizaron un minucioso trabajo que incluyó inspección ocular, registro fotográfico y la elaboración de un croquis para reconstruir la mecánica del vuelco. Cada detalle del terreno, la posición final del vehículo y las huellas quedaron bajo análisis.
En paralelo, y como parte del protocolo en este tipo de casos, al joven conductor se le extrajo una muestra de sangre en el hospital local. La medida apunta a determinar si manejaba bajo los efectos del alcohol u otra sustancia. Por ahora, los investigadores esperan los resultados de laboratorio, que podrían marcar un antes y un después en la causa judicial.
El caso fue caratulado como homicidio culposo en accidente de tránsito, una figura que no implica intención, pero sí una posible conducta imprudente o negligente. El hecho de que el conductor sea menor de edad, al igual que la madre del bebé, suma un fuerte componente social y humano a una tragedia que desnuda una realidad cruda y dolorosa.