LA HIJA HABLÓ POR AM 550 Y 24/7

La intimidad de Cafrune y el Falcon de los Emiliozzi

El cantor popular no ocultaba su pasión por el automovilismo, tuvo su auto de carreras y anduvo con él por las rutas del país.
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:00

La pequeña se sienta atrás, donde no hay butacas sino un enorme tanque de metal para la nafta. El auto le parece inmenso y mucho más el ruido ensordecedor y los caños que recorren por dentro la estructura, que llaman “jaulas antivuelco”. Seguramente, en los primeros metros se agarró de la barba tupida de su padre y luego del hombro de su madre que llevaba a su hermana en la falda. Ruido ensordecedor, aceleradas, un calor nunca sentido que venía del caño de escape y la velocidad que le puso a fondo las pulsaciones. El aire entraba como un relincho por la ventanilla “del papi” y dejaba horizontales sus trenzas castañas.

La niña es Yamila Cafrune y se vuelve a sentar –unos 50 años después- en el Falcon Angostado que perteneció a los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi, en un momento emocionante de su charla por AM 550 y 24/7 Noticias.

El que maneja es su padre, el popular folclorista Jorge Cafrune que afuera de los escenarios y en la intimidad de la familia, no ocultaba su pasión “fierrera”.

“Me compré un auto de carreras”, dijo ni bien entró a la casa. Dejó la valija al lado de la puerta y sus hijas saltaron a sus brazos para llenarlo de besos entre la barba y un gran sombrero de las montoneras norteñas. El auto era uno de los diez vehículos especiales que mandó a construir la fábrica Ford Argentina para los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi (y otros corredores), sobre la base de un Ford Falcon, al que angostaron su carrocería y cambiaron la trompa.

Al revuelo de la llegada de Cafrune a su casa le siguió “salir a dar una vuelta” en ese auto azul con techo blanco, cubiertas especiales y publicidades pintadas por todos lados.

“Una vez fuimos hasta Salta –recuerda Yamila, todavía viviendo en Jujuy-, toda la familia en aquel bólido y el papi se dio el gusto en el autódromo de dar una vueltas”. El hombre de la barba tupida, la voz gruesa y el sombrero ancho probó la adrenalina de la velocidad en aquel circuito, pero no la cambió por el placer de cantar “El orejano”, “Coplas del payador perseguido”, “Luna cautiva” y tantos testimonios musicales que el público se los quedó para siempre.

Al Falcon azul con techo blanco se lo vio con Cafrune conduciendo por casi todas las rutas del centro y norte del país. Una dosis de verdad y otra de leyenda. Lo cierto es que el recordado “Turco” lo utilizó varias veces como vehículo de calle cuando lo llevó y lo trajo de Jujuy a la provincia de Buenos Aires, más algunos viajes a Córdoba y la zona sur de Santa Fe a cumplir con sus compromisos artísticos.

La muerte de Cafrune a los 40 años de edad, atropellado cuando iba a caballo por la ruta rumbo a Yapeyú para honrar a San Martín, dejó a la niña sin su padre y arrojada a reconstruir la historia del cantor popular a través de los comentarios y las anécdotas de la gente.

Así supo que el auto de los Emiliozzi no alcanzó a correr oficialmente una carrera ya que estaba por debutar y una lluvia suspendió el evento; que los “gringos de Olavarría” se lo entregaron en Necochea, luego de un festival folclórico adonde fue la estrella central; que de pueblo en pueblo a lo largo de la Argentina siempre alguien recuerda haber visto a ese auto por la ruta, estacionado en un hotel o cerca de los “camarines” de algún festival.

“Es que el folclore, y más como lo sentía mi padre, es muy similar a lo que sucede con el Turismo de Carretera. Ustedes ven una jineteada y ven una carrera de TC y ahí está la pasión popular", dice Yamila con la voz emocionada desde su Cañuelas actual, en el espacio “Historias a fondo”.

Aquella pequeña que sintió la adrenalina de la velocidad en ese Falcon que manejó su padre, ahora confiesa: en realidad, somos toda la familia bastante fierrera. Mi madre no se pierde una carrera que pasan por televisión, a mis hermanas y a mí nos gusta “pisar” el acelerador en la ruta, cuando podemos.

Y espera con ansiedad que se habilite la posibilidad de ingreso de público a las competencias de TC “para llevar a la mami” y disfrutar de ese espectáculo. Mientras tanto, el Falcon está restaurado casi en su totalidad y se estacionará en el Museo Municipal Hermanos Emiliozzi de Olavarría, para recordar algunas madrugadas cuando el taller de los “Gringos” era puro trabajo y “pasaba a saludar” aquel cantor popular que hizo de la guitarra, la voz y el compromiso, su recta final.

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