EN EL OESTE NEUQUINO

Tristeza por la muerte “anónima” de un chico de 14 años

Vendía pan para ayudar a su familia. Conmoción y movilización, ante la injusticia de la vida.
viernes, 18 de septiembre de 2020 · 11:00

La muerte de un chico de 14 años, este jueves al mediodía, movilizó a vecinos y docentes del barrio Hipódromo y alrededores. Vendía pan, para ayudar a su familia. Como otros, algunos más conocidos quizás, pero que generan el mismo dolor: menores de edad saliendo a trabajar -en pandemia, además- para ayudar a su familia. La mamá de otro adolescente, de 14 años, que también ayuda vendiendo pan en una esquina de esa barriada, salió rápidamente a aclarar que no se trataba de su hijo. Docentes de la escuela donde concurre, le hicieron frente al ventarrón de la tarde y llegaron hasta su casa. También comprobaron que gozaba de buena salud. Todos, cómo no hacerlo, celebraron la vida de este púber. Pero en otro lugar, a pocas cuadras, pero en el inmenso oeste neuquino, una mamá lloraba a su hijo de 14 años.  

La Policía confirmó el deceso y rápidamente informó que no se trató de una muerte violenta. Que el adolescente, ese cuya familia aún no logra entender cómo la vida se apagó a sus 14 años, estaba comiendo, se descompuso y falleció. “Seguramente padecía alguna enfermedad de base, fue como una muerte súbita”, explicó la dirección de Prensa de la Policía neuquina y derivó a hablar con el SIEN “que es el que intervino en el lugar”.  

Con el correr de las horas, muchos vecinos del Barrio Hipódromo, transeúntes y automovilistas que suelen pasar por la esquina de calle 4 en cercanías de Néstor Barros, asociaron la muerte de este chico con la de otro, que suele pararse en una de esas ochavas a vender pan. Como ocurre en esta era digital, las redes sociales llevaron la noticia publicada por Mejorinformado.com, casi con la misma fuerza que las ráfagas de la tarde.  Las conclusiones fueron rápidas y al vuelo, el Estado fue el primer blanco de esta injusta muerte -no puede ser de otra manera, a los 14 años-, las muestras de condolencias y tristeza se multiplicaron, al punto que la mamá salió a aclarar que su hijo estaba bien, que estaba con ella. Muchos siguieron incrédulos, incluso la noticia llegó a un grupo de docentes del oeste -que agrupa a directoras y directores de más de una decena de escuelas- y encomendaron a dos maestras, que llegaran hasta la casa “del chico que vende pan en la esquina”.

Las maestras lo encontraron. Se sacaron una foto, para llevar tranquilidad al grupo. E incluso, llamaron a este diario. Se explicó este mismo relato que se repite acá: hay un chico de 14 años que murió. Su mamá, al enterarse entró en shock, fue auxiliada en un auto particular y llevada al hospital por unos vecinos. Autoridades del hospital Castro Rendón confirmaron que cuando enviaban una ambulancia en auxilio de la mujer -poco después del mediodía- tuvo que regresar porque "ya había sido llevada por particulares". En el deceso del menor horas antes, intervino personal del SIEN.

Es otra mamá. Es otro chico de 14 años que vendía pan en una esquina del oeste neuquino. Y es la misma triste realidad. Quizás esa sea la foto que más duele, para que no sea una muerte anónima.

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