La desilusión se sintió en el aire de Neuquén. El gran día llegó. Después de meses de expectativa, de ver la obra del Ruca Che avanzar y soñar con volver a sentir la adrenalina de ese estadio, la realidad cayó como un balde de agua fría: la reinauguración programada para este sábado 30, tuvo que suspenderse. La tormenta de Santa Rosa, implacable, le puso un freno a la fiesta que todos esperaban.
Este no era solo un evento deportivo. Era el regreso de un ícono, de un lugar que forma parte de la identidad neuquina y regional. El Ruca Che, testigo de tantos partidos de básquet, vóley y conciertos memorables, estaba listo para volver a abrir sus puertas con una imagen renovada. La inversión provincial de $340 millones había devuelto al estadio su esplendor, con mejoras que prometían un escenario de primer nivel.
La emoción por la reinauguración era palpable en la comunidad, que seguía cada avance de la obra con atención. El Ruca Che no es solo un edificio, es un punto de encuentro, de victorias y de recuerdos. Por eso, la noticia de la postergación genera un sabor amargo. Sin embargo, hay un dejo de esperanza. Desde el gobierno provincial confirmaron que el evento se reprogramará para una nueva fecha, tan pronto como las condiciones climáticas lo permitan. La fiesta, simplemente, se pospone.
La espera, aunque difícil, hace que el anhelo sea aún mayor. Cuando el Ruca Che finalmente reinaugure, será el momento de celebrar con la pasión que merece.