El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, sacudió anoche el tablero político provincial y anunció por redes sociales la anunciada reestructuración de su Gabinete, con cambios en ministerios, secretarías y organismos clave. El movimiento, formalizado a través de la nueva ley de Ministerios, busca relanzar la gestión, reordenar áreas sensibles como Educación y dar señales claras de control político en un momento donde la calle, los gremios y la economía aprietan.
Ahora bien, el mensaje no fue casual ni improvisado. La decisión de comunicarlo de noche y por redes marcó el tono: rapidez, golpe de efecto y una señal directa hacia adentro del Gobierno y hacia afuera, para una sociedad que viene pidiendo respuestas concretas. Weretilneck habló de “nuevo impulso”, pero detrás de esa frase prolija hay lecturas políticas mucho más profundas.
En primer lugar, el gobernador avanzó con una reorganización de áreas estratégicas, sin crear más estructuras, pero sí dividiendo y reubicando funciones. El actual Ministerio de Desarrollo Humano se parte, y de ahí emerge una Secretaría de Juventud, Deportes y Cultura, un área con fuerte contenido simbólico y político, apuntada directamente a sectores donde el Gobierno siente que necesita recuperar presencia y cercanía.
Al mismo tiempo, el poder se reacomoda puertas adentro. Agustín Ríos deja la Secretaría de Gobierno y pasa a ser ministro de Gobierno y Trabajo, un cargo sensible en cualquier administración que hasta hace una semana estaba a cargo de Fabián Gatti, quien prefirió jubilarse.
En la secretría, desembarca Natalia Almonacid, concejal de Bariloche, lo que también marca un guiño territorial hacia la ciudad más poblada de la provincia donde el partido del gobierno tiene pocos referentes con llegada a la gente.
Pero los cambios no se agotan ahí. Turismo, uno de los motores económicos de Río Negro, deja de jugar solo y pasa a integrarse al Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo. La señal es clara: el Gobierno quiere que el turismo deje de ser solo promoción y pase a ser una herramienta directa de empleo y producción, con impacto en las economías regionales.
En paralelo, el sacudón llegó a IPROSS, una caja siempre sensible y bajo la lupa. Tras la salida de Marcela Ávila, Ivana Porro asume la presidencia del organismo, en un contexto donde la obra social provincial acumula reclamos, tensiones con prestadores y malestar de los afiliados. No es un cambio menor: es una jugada que busca ordenar una bomba de tiempo.
Además, el Ministerio de Educación y Derechos Humanos también fue alcanzado por la reestructuración. Hubo una catarata de designaciones en cargos clave, desde educación primaria hasta jóvenes y adultos, innovación y planeamiento. Un área históricamente conflictiva, con paros, protestas y negociaciones duras, que el Gobierno intenta reforzar con nuevos perfiles.
En el fondo, lo que Weretilneck hizo anoche fue tomar el control del relato y del rumbo. Habló de evaluación tras dos años de gestión, de prioridades y de un Estado más cercano, pero el mensaje político es otro: el gobernador mueve fichas, ordena su tropa y marca quién tiene la lapicera.
Finalmente, la reestructuración no solo redefine cargos. También expone una certeza incómoda: si hay cambios, es porque algo no estaba funcionando como se esperaba.