La paritaria docente ya está en cuenta regresiva y el clima viene espeso: el gobernador Alberto Weretilneck reconoció que las cuentas de Río Negro están complicadas por el recorte furioso del Estado nacional, advirtió que no puede igualar la inflación en salarios y dejó en claro que el pedido de aumento de UnTER choca de frente con una realidad fiscal ajustada. El encuentro está previsto para la semana próxima y todo indica que será una negociación dura, con números fríos y poco margen.
En ese marco, Weretilneck puso las cartas sobre la mesa y habló sin rodeos. Dijo que la provincia cerró el año con una inflación del 31%, mientras que sus ingresos crecieron apenas un 23%. Ocho puntos abajo. Una diferencia que, según explicó, no es ideológica ni política, sino "matemática pura y sentido común". El mensaje fue directo: si la Provincia gasta como si acompañara la inflación, termina fundida.
Ahora bien, el foco del conflicto está puesto en el reclamo docente. UnTER llega a la mesa paritaria con el pedido de recomposición salarial y con la expectativa de no seguir perdiendo poder adquisitivo. Y con una amenaza sobre la mensa: "no inicio del ciclo lectivo". Sin embargo, del otro lado, el gobierno provincial advierte que no hay espalda financiera para sostener aumentos que no estén respaldados por ingresos reales.
Por eso, el gobernador marcó un cambio de lógica en la discusión. Aseguró que no se puede discutir inflación, sino ingresos. En otras palabras: si entra más plata, se podrá pagar más; si no entra, no hay milagros. Esa será, dijo, la línea que llevará a la paritaria convocada para la próxima semana.
En ese punto, Weretilneck fue más allá y puso nombre y apellido al problema: el ajuste nacional. Reconoció que el recorte del Estado nacional a las provincias golpea de lleno a Río Negro, que depende en un 60% de recursos nacionales. Con menos fondos, menos consumo y una economía en retroceso, la recaudación cae y el margen de maniobra se achica.
Además, el gobernador buscó diferenciarse del modelo de ajuste extremo que baja desde Nación. Dijo que la "motosierra" significaría cerrar aulas, achicar hospitales o dejar de sumar policías, decisiones que aseguró no está dispuesto a tomar. "No voy a cerrar escuelas ni recortar derechos", afirmó, mientras defendió la necesidad de sostener el funcionamiento del Estado.
Sin embargo, la tensión está instalada. Mientras el gobierno habla de responsabilidad fiscal, los docentes miran el bolsillo y hacen cuentas que no cierran. La paritaria de la semana próxima no solo definirá números, sino también el clima del ciclo lectivo y la posibilidad de garantizar los 190 días de clases.