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Domingo 08 de Febrero, Neuquén, Argentina
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La bendición que emocionó a todos y una Nochebuena en la Catedral neuquina donde la solidaridad fue protagonista

Más de 100 personas en situación de calle y 150 colaboradores compartieron una Navidad distinta frente a la Catedral de Neuquén. En uno de los momentos más conmovedores de la noche, el curita Diego María Canale bendijo las manos de Moncho Vázquez, en una escena que sintetizó el espíritu solidario de la "Navidad sin vanidad".

Por Redacción

Jueves, 25 de diciembre de 2025 a las 15:18
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La Nochebuena transformó el centro de Neuquén en un espacio profundamente humano. Frente a la Catedral, sobre el bulevar de la Avenida Argentina, la propuesta de “Navidad sin Vanidad” convirtió un lugar habitual de paso en un punto de encuentro, escucha y cuidado para quienes más lo necesitan.

No fue una celebración tradicional. Fue una mesa larga, compartida, donde la prioridad no estuvo en los brindis ni en las formalidades, sino en el acompañamiento y la presencia.

El centro de la ciudad, convertido en abrazo colectivo

La convocatoria reunió a más de 100 personas en situación de calle y a unos 150 colaboradores que trabajaron durante horas para que la cena fuera posible. Hubo comida caliente, organización comunitaria y un clima marcado por el respeto y la cercanía.

La Catedral, iluminada y abierta, fue el marco de una celebración que puso en el centro a quienes muchas veces quedan fuera de las fiestas. Allí, la Navidad tomó otro sentido.

Un gesto simple que conmovió a todos

Uno de los momentos más emotivos de la noche se vivió cuando el curita Diego María Canale bendijo las manos de Moncho Vázquez. El gesto fue breve, pero cargado de significado: una bendición “para que pueda seguir cocinando por los que menos tienen”.

La escena generó un silencio profundo y miradas emocionadas. No hubo discursos extensos ni palabras grandilocuentes. El mensaje se transmitió a través de un gesto claro, directo y profundamente humano.

El sacerdote que eligió estar cerca

Diego María Canale es un sacerdote de Andacollo, vecino del neuquino con una trayectoria marcada por la cercanía y el compromiso con las comunidades más postergadas. Desde hace años recorre extensas zonas del alto Neuquén, llegando a parajes alejados donde la presencia del Estado y de la Iglesia es escasa, sosteniendo un trabajo pastoral basado en la escucha y el acompañamiento cotidiano.

Esta “Navidad sin Vanidad” refleja a Canale, conocido por involucrarse activamente en iniciativas sociales que buscan poner en el centro a las personas, sin intermediaciones ni gestos grandilocuentes. Su presencia en la Catedral durante la Nochebuena reforzó ese mensaje: estar, compartir y acompañar, incluso en las fechas más sensibles.

La bendición de las manos de Moncho Vázquez condensó ese modo de entender la fe y el compromiso social. Un gesto sencillo que reflejó una idea clara: el trabajo, cuando se pone al servicio de quienes menos tienen, también puede ser una forma concreta de solidaridad.

El compromiso que se cocina todos los días

Moncho Vázquez, referente de la gastronomía neuquina y promotor de los productos del norte provincial, fue parte activa de la jornada solidaria. Su participación no se limitó a la cocina: estuvo presente en cada detalle, compartiendo tiempo y trabajo con voluntarios y asistentes.

La bendición a sus manos simbolizó el valor del trabajo cotidiano puesto al servicio de otros, una idea que atravesó toda la noche.

Una Navidad con sentido comunitario

“Navidad sin Vanidad” no fue solo una cena. Fue una experiencia colectiva que mostró otra forma de vivir las fiestas: sin exclusiones, sin diferencias, con la comunidad como eje.

En una ciudad que suele acelerarse incluso en las fechas especiales, la noche del 24 de diciembre dejó una imagen distinta. Frente a la Catedral, la solidaridad ocupó el centro de la escena y recordó que la Navidad también puede ser acompañar, compartir y estar cerca.

Una imagen que quedó grabada

La bendición, las mesas compartidas y la presencia de quienes rara vez son protagonistas construyeron una postal que trascendió la noche. Una Navidad donde el gesto más simple fue también el más poderoso.

En el corazón de Neuquén, la Nochebuena dejó una certeza difícil de ignorar: cuando la comunidad se organiza, la solidaridad puede transformar incluso las noches más frías en un verdadero hogar compartido.

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