El conflicto en la pesquera Río Salado volvió a encender las alarmas en San Antonio Oeste. Más de 60 trabajadores despedidos reclaman el pago de indemnizaciones y salarios adeudados que superan los 570 millones de pesos, mientras crece la sospecha de que la planta podría reabrir sin saldar la deuda laboral, lo que califican como una maniobra encubierta para esquivar responsabilidades.
La situación estalló luego del cierre de la empresa, que dejó a decenas de familias sin trabajo y con reclamos judiciales en marcha. Según los propios trabajadores, existen actualmente dos demandas laborales que suman cifras millonarias: una iniciada por 57 empleados que reclaman más de 534 millones de pesos y otra impulsada por siete operarios que exigen más de 41 millones.
En este escenario, el temor principal es que la actividad pesquera vuelva a ponerse en marcha sin que antes se cumpla con las obligaciones laborales pendientes. Desde el sector sindical advirtieron que cualquier intento de habilitar nuevamente la planta sin resolver las deudas sería una decisión extremadamente grave y una señal de impunidad para los trabajadores afectados.
Además, sostienen que si la empresa o un nuevo operador retoma la actividad utilizando la misma estructura productiva, debería asumir también las deudas generadas por la anterior gestión. De lo contrario, se trataría de una maniobra para continuar el negocio dejando atrás los compromisos con quienes trabajaron durante años en la planta.
El conflicto se arrastra desde hace meses, cuando la firma comenzó a enviar telegramas de despido y planteó pagar solo una parte de las indemnizaciones alegando dificultades económicas. La propuesta fue rechazada de inmediato por los empleados, que decidieron avanzar con demandas judiciales para reclamar el pago total de lo adeudado.
Mientras tanto, la incertidumbre crece en la comunidad. La planta pesquera era una de las fuentes de empleo más importantes de la zona, y su cierre dejó un fuerte impacto social en la ciudad. Hoy, el miedo de los despedidos es claro: que las máquinas vuelvan a encenderse, pero que ellos sigan afuera y sin cobrar un solo peso.