Durante el verano en muchas regiones de Argentina, las fiestas populares atraen a miles de turistas y dinamizan a la población local, lo que genera una mayor demanda de servicios como gastronomía, entretenimiento y hotelería.
Este aumento temporal del consumo requiere una preparación adecuada para satisfacerlo de manera segura y beneficiar a toda la comunidad. Estos eventos suelen involucrar la elaboración, comercialización y consumo masivo de alimentos, con una diversidad de actores: manipuladores con distintos niveles de conocimiento, infraestructuras variadas y acceso desigual a materias primas de calidad.
La inocuidad alimentaria depende de una cadena de responsabilidades compartida entre organismos de control, elaboradores, comercializadores, manipuladores y consumidores. Por eso, es esencial contar con personas capacitadas, con conocimientos homogéneos, para garantizar alimentos seguros y proteger la salud pública.
La preparación y venta de alimentos en la vía pública es una tradición en estas fiestas. Aunque el ambiente festivo puede relajar las precauciones, nunca se debe bajar la guardia: una manipulación inadecuada o una conservación deficiente pueden favorecer bacterias patógenas. No lavarse las manos, mezclar crudos con cocidos o ignorar las temperaturas de conservación son errores comunes que generan riesgos.
Cómo lograr una fiesta popular segura
Los principales responsables de la seguridad alimentaria son los elaboradores y comerciantes. Ellos deben garantizar la inocuidad cumpliendo estrictamente las normas de higiene. Aquí van las prácticas claves:
- Lavarse las manos frecuentemente, proteger heridas abiertas y evitar manipular alimentos en caso de diarrea o enfermedad.
- Lavar y desinfectar superficies de trabajo para prevenir contaminación cruzada.
- Almacenar correctamente las materias primas, separadas por tipo.
- Controlar temperaturas en todo el proceso: evitar dejar alimentos a temperatura ambiente; congelados a -18 ºC, refrigerados entre 2 y 4 ºC, y calientes por encima de 65 ºC.
- Proteger alimentos del entorno y separarlos (crudos de cocidos).
- Separar zonas de trabajo antes de cocinar: crudos en un lado, cocidos en otro.
- Preparar la comida con la menor antelación posible, especialmente ensaladas.
- Mantener los alimentos protegidos antes de servir.
- Etiquetar con descripción, fecha de elaboración y temperatura de conservación.
- Todos los manipuladores deben contar con Carnet Sanitario y haber completado las capacitaciones requeridas.
Estas medidas previenen riesgos biológicos (como intoxicaciones por Salmonella o Escherichia Coli), físicos (cuerpos extraños accidentales) y químicos (plaguicidas en frutas/verduras o toxinas por fritura excesiva).
Prestar atención especial a instalaciones, procedencia de alimentos, manipulaciones, almacenamiento, exposición y manejo de residuos (un aspecto clave a menudo olvidado). El objetivo final: alimentos inocuos que protejan la salud de todos los participantes.