Romina Olivero es escritora, docente y poeta neuquina, con marcada trayectoria en las artes de la palabra en la Patagonia. Además de su labor docente y su dedicación a la poesía, coordina talleres de “invención lectora”, como ella los denomina, en Neuquén capital. Llave Rota nació, precisamente, en uno de esos espacios.
A ese taller asiste, entre otros participantes, un grupo de mujeres que desde hace cuatro años no solo “desafiaron sus límites leyentes”, como explica Romina; también asumieron el reto de escribir sus propios textos y de escribirse a sí mismas en biografías creadas especialmente para este volumen.
Editado por Tanta Ceniza, con diseño de Natalia Canet y prólogo y curaduría de la propia Olivero, Llave Rota es un estupendo compendio de más de 50 poemas firmados por estas 12 autoras, quienes se cuestionaron, una y otra vez, cada palabra, cada rima, cada verso trabajado a lo largo de estos años.
Así es este nuevo libro que, publicado en Patagonia, que nos habla de paisajes, orígenes y sentimientos, y cuya presentación se realizó en la cervecería Árbol (espacio que los miércoles abre sus puertas a actividades culturales). Y, más allá de la calidad y la cantidad de piezas, esta obra despierta admiración por la forma en que fue gestada. Aquí les cuento.
¿Qué hacer con una llave rota?
“Generalmente trabajamos alrededor de una lectura específica y las consignas tienen que ver con leer, pensar, hablar de eso, volver a leer, imaginar alrededor, reflexionar. Las posibles escrituras se van desprendiendo del texto mismo como otra forma de seguir leyendo desde la experimentación, seguir abriendo la posibilidad lúdica de la palabra”, explica Romina sobre lo que sucede en su taller.
“¿Por qué conservarla? ¿Qué puerta iba a abrir yo? ¿Qué hacer con una llave rota?”, se preguntaron durante años este grupo de lectoras que escribían mientras se iban transformando en comunidad. “Este es un libro que surge de la vida conversacional y tallerera que nos dimos. Y estos no son impulsos poéticos post taller. Acá hay deseo de verso, intensidad en la búsqueda metafórica, fuertes discusiones en línea de fuga, provocaciones hacia los límites del lenguaje y del sentido, arrojo hacia el silencio, persecución del intermedio y pesquisa sensitiva”, define Romina.
Llave Rota también se construyó con viajes, risas, mates y horas compartidas más allá de la palabra escrita. “Las mujeres que se juntaron para hacer este libro comparten vida. Tuvimos experiencias de viajes y de intercambio con otros grupos de poesía, sobre todo con las Bibliómanas de Junín de los Andes. También fuimos a Zapala con la poeta Silvia Mellado a subir una montaña; estuvimos en un biblio-colectivo, hicimos de todo”, agrega.
Cómo fue que todo empezó: “Aixa Rava, de la editorial Tanta Ceniza, que estaba con el proyecto de empezar una nueva colección llamada “Dunas del Aire”, me propuso que nuestro libro encabezara la colección. Entonces le pedí a cada una de las 12 escritoras que me enviaran cinco poemas escritos en estos cuatro años de taller. Fuimos leyendo cada texto, tomando decisiones, unificando y eligiendo qué se iba y qué se quedaba. También les propuse que escribieran su propia biografía en clave poética y leyente: un biopoema, una autobiografía poemada”.
Así, las doce poetas lograron dar forma a sus producciones con esa magia que ocurre cuando, como explica Romina en su prólogo, “escribir se vuelve una continuidad de lectura”, cuando la escritura se convierte, también, en desafío leyente.
Ellas son: Manuela Wilhelm Clérici, Graciela Soberón, Gabriela Rojas Rodríguez, Ada Montes, María Inés Clérici, Cecilia Castro, Agustina Verón, Kika Som, Cecilia Soberón, Ani Morselan, Aymama Mur - Ayelén Penchulef, Clarissa Reggiani.
Leer bajo el cobijo de un árbol
“Hay algo bastante humano en esto de acercarnos a un árbol para conversar, leer, pensar, besarnos, buscar cobijo. Y el nombre del bar (donde fue la presentación del libro) me llevó directamente a imaginar qué lindo sería leer alrededor de un árbol. Es como si estar ahí fuera mejor, y esa metáfora me encanta. En ese gesto tan humano de juntarnos debajo o alrededor de un árbol pensaba que también hay un activismo. Que, como dice Brenda Hillman, escribir poemas puede ser tu acción, pero no puede ser la única. Por eso, de alguna manera, también había un gesto en el leer”, expresó Romina.
La presentación se realizó hace unas semanas en la cervecería Árbol, donde cada poeta compartió en voz alta fragmentos de poemas propios y se pudo apreciar algo que, según relata Romina, pocas veces sucede: “No siempre escuchamos a quien escribe leyendo lo que escribe. En este caso sí, porque son textos que se generaron dentro de un taller. La presentación tuvo que ver con socializar lo que hacemos. Pero leer poesía, sobre todo la que escribís vos, hace que al cuerpo le pasen cosas; es muy significativo. Es una experiencia bellísima escuchar el poema en la voz de su creadora. El poema se junta con el cuerpo, crea gestos, y eso es hermoso”.
Antes de comenzar, Romi había anticipado que esa noche los cuerpos de las escritoras iban a temblar. “Y sí, se tiembla. Y poder identificar esa fragilidad es algo muy hermoso”, detalló. Y así fue: todo sucedió bajo el cobijo de un árbol.
Porque cuando algo fluye, todo se enlaza. Todo se vuelve metáfora en este universo donde se mueve la “mafia de la poesía”, en el mejor sentido posible de esa palabra. Se juntan para ser más fuertes, para leer y escuchar, para resistir frente a lo digital. Allí lo analógico no se negocia: se escribe con lápiz y papel, se abraza y se discute, se rie. Se recorta y se pega; todo se hace collage. Y en esa convicción reside su belleza.
¿Para qué la invitan?
Romina es profesora en Letras por la Universidad Nacional del Comahue y tiene varias publicaciones poéticas, como el libro de poemas Creer o reventar, realizado junto a Carina Medina; Vaivén del agua y Ahí vienen las olas fuertes. Además, coordina talleres de invención lectora desde hace más de 15 años y sabe cómo conducir con solidez todo lo que en cada encuentro se genera.
¿Para qué la invitan? Digo… si se pone así: intrépida y lúcida, paciente pero constante, reflexiva y también volátil; rara, pero siempre encendida. Romi conduce cada encuentro de sus talleres con gran empatía y con enorme conocimiento del género que la apasiona. Por eso, cada encuentro es mucho más que desenmarañar palabras.
“Mis talleres no son de lectura o escritura sino de invención lectora. Leer te desplaza necesariamente a otra actividad, más aún si la lectura es comunitaria. Ahí hay algo bastante fuerte que pasa y que traslada esa lectura a hacer algo más. La lectura no queda solamente en la página, sino que motiva un movimiento en las personas que leemos. Se empieza a volver a inventar sobre lo que está escrito”, detalla. Y así nacen los libros, así nació este: Llave Rota.
Llave Rota es mucho más que un ejercicio de taller. Es un libro cargado de “deseo de verso”, como dice ella, y no podés pasar por él sin que algún verso te trastoque el eje. Pero ella lo explica mejor: “La palabra poética es la forma menos explicativa de los discursos y eso es lo fantástico que tiene la poesía. La poesía también invita a participar del fragmento: un verso que me puede cambiar un rato o hacer pensar, ya valió la lectura”, concluye.
Leer en la bodega
El martes 10 de marzo el libro volverá a presentar esta vez en Cipolletti, en La Casa de la Bodega en el ciclo "Un cuerpo habitado" de Ariel Martínez. Será una nueva oportunidad para no perderse este encuentro que convoca curiosidad, admiración, atención, escucha y cuerpos que tiemblan. Es a las 21 hs. No te lo pierdas. Yo avisé.