¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Jueves 08 de Enero, Neuquén, Argentina
Logo Am2022
PUBLICIDAD

El neuquino que colecciona camisetas que cuentan la otra historia del fútbol argentino

Tiene más de 300 camisetas de clubes del interior y del ascenso argentino, ordenadas por categoría y con historia propia. Héctor Quijada no colecciona marcas ni gigantes: junta barrios, viajes imposibles y pasión federal. 

PUBLICIDAD
Héctor Quijada tiene más de 300 camisetas de fútbol, una de las colecciones más particulares del país.

No hay vitrinas de vidrio ni alarmas de museo, pero sí un respeto casi sagrado. En la casa de Héctor Quijada, en el barrio Mariano Moreno de la ciudad de Neuquén, las camisetas no se usan, no se prestan y casi no se muestran. Se cuelgan, se clasifican y se cuidan como si cada una fuera la última. Porque muchas, en el fondo, lo son.

Más de 300 camisetas de fútbol integran una de las colecciones más particulares del país: clubes del ascenso, ligas del interior, camisetas que no se consiguen en casas deportivas y que, muchas veces, llegan después de meses —o años— de contactos, llamados y favores cruzados.

“Esto es una locura linda”, resume Quijada, con la sonrisa del que sabe que no hay cura para semejante pasión.

 

Una historia que empezó en casa

La historia no arrancó en un local de camisetas ni en un viaje al exterior. Empezó en una casa familiar donde el fútbol se lavaba a mano. “Mi papá era secretario administrativo de la Liga de Fútbol de Neuquén se llevaba los equipos a lavar a casa. Con mi mamá los ordenábamos, los numerábamos… en esa época los números eran de cuero y había que pegarlos para que no se despegaran”, recuerda Héctor. Ahí nació todo: el orden, la observación, la clasificación. Mucho antes de pensar en coleccionar.

La primera camiseta llegó hace más de 30 años. “Me la trajo un amigo de Italia, cuando Roberto Baggio jugaba en la Juventus. A partir de ahí arrancó la locura”, contó en Verano de Primera, el programa que se emite por 24/7 Canal de Noticias, justo en el Día del Coleccionista.

Cada camiseta tiene una historia, un origen y un valor que no se mide en dinero.

No es cantidad, es identidad

Aunque el número impresiona —más de 300 camisetas—, Quijada aclara rápido que no colecciona cualquier camiseta. “Son todos clubes del interior del país y del ascenso. Ese es el fin”, remarca.

Nada de gigantes fáciles. Nada de camisetas que se consiguen en cualquier shopping. La búsqueda está en otro lado: en clubes que nacieron en un barrio, que juegan ante 200 personas, que sobreviven a pulmón.

“El placer de tener una camiseta de un club de ascenso no te lo puedo explicar. Cuando te llega una de un club que no tiene hinchas más allá de su barrio… eso es todo”, dice.

El mapa es infinito. “En el interior hay entre 4.000 y 4.500 clubes. No tengo ni el 10%”, confiesa, sin angustia. Porque para él, que no se termine nunca es parte del juego.

 

Camisetas con historia

Cada prenda tiene una ficha invisible: cómo llegó, quién la mandó, qué torneo jugó, qué momento marcó. Héctor va mostrando sus "joyitas": la camiseta de Deportivo Merlo, edición especial con escudos dorados cuando enfrentó a River en el Nacional B; la de Deportivo Rincón, histórica, de su primera participación en Copa Argentina; la del centenario de Talleres de Remedios de Escalada, edición limitada: “Se hicieron 100 y yo tengo la número 3”. Y una que para Héctor es símbolo de hasta dónde llegó su pasión: Los Cuervos del Fin del Mundo, de Ushuaia. “Para jugar en Ushuaia tenés que cruzar a Chile y volver. No es fácil llegar hasta ahí. Tener esa camiseta es una locura”, dice.

El equipo de Verano de Primera exhibe algunas de las "joyitas" de Héctor Quijada.

Un país colgado en perchas

Las camisetas "no se venden, no se cambian", advierte el coleccionista. Y ante la pregunta "¿Le ofrecieron plata?", responde que sí. “No les doy ni la posibilidad de preguntar cuánto salen”, corta en seco.

La decisión es absoluta. Tanto, que una vez llevó una camiseta a entrenar handball, se la rompieron y lloró más que cuando se lesionó una mano cuando practicaba ese deporte. “Ahí dije: no salen más de casa. Si querés verlas, venís a casa”, sentencia.

 

Un orden que se mueve como el fútbol

El mueble crece, se amplía y se reacomoda como las tablas de posiciones. “Las tengo colgadas por categoría. Cuando un club asciende o desciende, se mueve”, explica. El ascenso manda. El Regional Amateur, el Federal A, el Nacional. Todo cambia y el placard también. “Este año, por ejemplo, ya tenía camisetas de equipos que todavía no habían ascendido. Eso favorece”, cuenta, con picardía de scout.

Detrás de la obsesión hay un proyecto que todavía espera su pitazo inicial: una exhibición solidaria. “La idea, con mi señora, es hacer una muestra y que la gente colabore con un comedor, un hogar, una institución. La ayuda siempre viene bien”, explica. Ella es parte clave. “Al principio las camisetas estaban en la habitación. Era yo o las camisetas. Ganaron las camisetas… pero ella colabora mucho”, bromea.

 

Federal de verdad

Hincha de Boca, socio de Racing por herencia paterna, Quijada no colecciona por colores grandes. Colecciona por identidad. “Lo federal es esto. Unir cada rincón del país con una camiseta”, resume.

Y mientras las camisetas descansan, limpias —lavadas una vez por mes, del revés, con agua fría—, el mapa sigue abierto. Porque siempre hay un club más, un barrio más, una historia que todavía no llegó. En el fútbol del ascenso, como en la colección de Héctor Quijada, la pasión nunca desciende.

 

Mirá la entrevista con el coleccionista Héctor Quijada:

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD