“Hooo Enzo Fernández, hooo Enzo Fernández”. El canto bajó desde las tribunas como una sentencia inevitable. Cuando el partido se moría y el nerviosismo se apoderaba de Stamford Bridge, apareció él. El capitán, el campeón del mundo, el argentino que no se esconde. Con un gol en el minuto 91, Enzo Fernández firmó una remontada épica y le dio a Chelsea una victoria clave por 3-2 ante West Ham.
La noche había empezado torcida para los Blues. El equipo londinense sufrió un primer tiempo muy flojo y se fue al descanso dos goles abajo, superado en intensidad y claridad por un West Ham que golpeó en los momentos justos y silenció el estadio.
Pero en el complemento apareció otra versión de Chelsea. Con más decisión, presión alta y protagonismo, el equipo fue empujando al rival contra su arco. João Pedro primero y Marc Cucurella después igualaron el marcador y encendieron la ilusión de una remontada que parecía improbable apenas minutos antes.
El final fue puro vértigo. Con el partido abierto y los dos equipos jugando al límite, Chelsea encontró la jugada que cambió todo. Moisés Caicedo filtró un pase perfecto entre líneas para João Pedro, que ingresó al área y, en lugar de definir, eligió asistir hacia el punto penal. Por ahí apareció Enzo Fernández, que llegó de frente y sacó un derechazo de primera para el 3-2 definitivo.
Gol, desahogo y locura total. El argentino corrió con los brazos abiertos mientras el estadio explotaba y sus compañeros lo rodeaban. Otra vez Enzo en el lugar indicado, otra vez decisivo, otra vez liderando desde el juego y desde el carácter.
La victoria le permite a Chelsea seguir prendido en la pelea por los puestos de Champions League y confirma el peso específico de su capitán en los momentos calientes. Para Enzo Fernández, fue una noche redonda: gol agónico, remontada histórica y ovación cerrada.