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Jueves 22 de Enero, Neuquén, Argentina
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Del castigo exprés a la amnistía de apuro: la AFA dio marcha atrás y volvió a quedar en evidencia

Tras el escándalo del pasillo negado a Rosario Central, el Tribunal de Disciplina levantó las sanciones a Estudiantes y volvió a exponer el desorden y la discrecionalidad del fútbol argentino.

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Sancionó, presionó y perdonó: la AFA dio marcha atrás a horas del inicio del torneo.

En el fútbol argentino, las decisiones duran lo que dura la próxima reunión. Lo que ayer era sanción ejemplar, hoy es amnistía general. Y lo que debía ordenar, volvió a profundizar el descrédito. El Tribunal de Disciplina de la AFA dio marcha atrás con los castigos impuestos a los jugadores de Estudiantes y los habilitó para disputar el arranque del Torneo Apertura, cerrando otro capítulo bochornoso de una historia mal contada desde el poder.

Todo había empezado en Puerto Madero, lejos de una cancha pero muy cerca de los escritorios. En una cumbre dirigencial encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia, la AFA resolvió consagrar a Rosario Central como “mejor equipo del año”, una decisión tomada de manera arbitraria y sin sustento deportivo claro, que generó un rechazo casi unánime en el ambiente. El fallo dejó a la casa madre del fútbol argentino en el centro de las críticas y abrió una grieta que todavía no se cerró.

El conflicto escaló cuando Estudiantes fue obligado a realizarle el tradicional pasillo de honor al conjunto rosarino. Los jugadores del Pincha respondieron con un gesto tan simbólico como contundente: se dieron vuelta y le dieron la espalda a Central, en señal de protesta. No fue un ataque a los futbolistas canallas, sino un mensaje directo a la dirigencia. Un acto de rebeldía silenciosa frente a lo que consideraron una imposición sin legitimidad.

La reacción de la AFA no tardó en llegar. Fiel a su estilo, eligió el camino de la sanción rápida y desmedida. El Tribunal de Disciplina suspendió a los jugadores involucrados con varias fechas, en una decisión leída como un pase de factura y una demostración de poder. Marcar la cancha, disciplinar al disidente y dejar claro quién manda.

Pero el castigo duró poco. Tras una nueva reunión y la presión de los clubes, el mismo Tribunal emitió un boletín oficial anunciando una amnistía general. A pocas horas del inicio del Apertura, todas las sanciones pendientes quedaron “consumadas”, habilitando a los futbolistas de Primera División y del Ascenso a jugar desde la primera fecha. Donde antes había mano dura, ahora hubo borrón y cuenta nueva.

La explicación formal habló de “evitar asimetrías competitivas” por el calendario. La lectura real fue otra: improvisación, contradicción y falta total de coherencia. Un tribunal que sanciona sin convicción y perdona sin explicaciones claras, dejando la sensación de que las reglas se escriben y se borran según la conveniencia del momento.

En este contexto, la figura de Tapia vuelve a quedar bajo la lupa. No solo por el manejo errático del fútbol local, sino también por las investigaciones que comenzaron a rodear a la conducción de la AFA, con denuncias que apuntan a enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y balances poco claros. Un clima espeso que se traslada directamente a las decisiones deportivas.

Así, el Apertura arranca con la pelota en movimiento, pero con el reglamento en permanente zigzag. En el fútbol argentino, la autoridad se ejerce a los empujones, las sanciones se anuncian con estruendo y se levantan en silencio, y el prestigio institucional sigue siendo el gran ausente. 

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