Después de la reunión concretada en la residencia El Messidor entre el gobernador Rolando Figueroa y el ministro del Interior, Diego Santilli, quedó más o menos en claro -sin explicitación alguna- que Neuquén probablemente acompañe con su voto, en general, el proyecto de Ley de Reforma Laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei.
No aparecen razones para que ocurra lo contrario, y el tema fácilmente discurrirá entre los conceptos del dogma provincialista, con la actualización correspondiente a la nueva era sin el MPN como partido formalmente en el poder: lo ha dicho el propio Figueroa, al reafirmar la esencia del enfoque, que fue y seguirá siendo avalar lo que sea beneficioso para la provincia y rechazar lo que no. El único margen que deja esta definición genética de la política es el de la interpretación de qué es lo bueno y qué lo malo para los neuquinos…pues puede haber variantes en esa consideración, según el gobierno que esté.
Para los fines prácticos de la coyuntura, que es lo que importa, es probable que el gobierno de Milei asegure el voto de los diputados y senadores neuquinos, reducidos ahora a dos fuerzas: la provincial que representa Neuquinidad, y la que corresponde a La Libertad Avanza.
El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, también concedió su respaldo a la “modernización” laboral en Argentina, de manera más explícita que lo que hizo Neuquén. Más allá de las diferencias de estilo, por ahora Neuquén y Río Negro tirarán juntos del carro, unidos por las ventajas que produce y producirá Vaca Muerta.
El tema reforma laboral, debe entenderse esto, no alterará los actuales convenios de trabajo provinciales. Su implicancia mayor se verá en la actividad privada. En este contexto, habrá que atender a lo que hace el poderoso gremio petrolero, el más importante de la región. En la semana, el sindicato que conduce Marcelo Rucci protagonizó una masiva asamblea que convalidó un ajuste salarial y anticipó que estará en alerta permanente ante la reforma laboral, vigilando que no se “avasalle” ningún derecho vigente en el ámbito de su representación directa.
El paso por Villa la Angostura de Santilli fue tan previsible como discreto. Es notable el bajo perfil que le da el gobierno de Figueroa a su relación con el gobierno nacional. El gobernador neuquino ha imbuido a su gestión de una independencia provincialista muy acentuada. A diferencia de lo que el MPN hizo en sus últimas etapas -una subordinación bastante explícita al kirchnerismo, y, particularmente, hacia Cristina Kirchner- Figueroa parece entender la relación con el gobierno nacional como entre pares, sin por esto confundir el rol y la diferencia entre Estado nacional y provincial.
Juega aquí, de manera directa, el aire que insufla al Tesoro provincial tener activa como recurso económico central a la mayor producción de hidrocarburos de la historia. Esto se traduce en una línea política de autonomía explícita, mucho más enfatizada desde que la obra pública, la salud, la seguridad y la educación han quedado bajo la única y estricta responsabilidad de la provincia.
Esta situación, objetivamente analizada, irá dándole cuerpo a la gran discusión que se viene, con escala previa en la reforma laboral: una reforma tributaria que podría, finalmente, ubicar la relación entre Nación y provincias de una manera nueva. Si se mira un poco hacia adelante prescindiendo de las mezquindades electorales, el tema impuestos es el que va cobrando mayor masa crítica entre los ciudadanos.
También en Neuquén es así: desde la política se ha enfocado la cuestión, particularmente en los tributos municipales, que aumentan al ritmo de las concreciones de obras, más que de lo que indican los índices de inflación. Sería necio evaluar esta situación acotándola a un distrito: la cuestión de fondo es qué hará Argentina con sus impuestos, pues el tema involucra a todos los niveles del Estado e incide directamente en el bienestar (o no) de los ciudadanos argentinos, vivan donde vivan.
En esta cuestión, tanto Figueroa como el intendente capitalino Mariano Gaido, tienen el foco puesto sobre el impuesto a los combustibles, que Nación sigue recaudando, sin coparticipar esos fondos hacia el destino original previsto, que era sostener la infraestructura vial, y el transporte público de pasajeros, centralmente.
Así, si se limita el debate, cruzándolo con los temas concretos, entre el piso y el techo del dogma “le conviene o no le conviene a la provincia”, se tendrá más o menos claro cómo opina y opinará el gobierno neuquino respecto de las circunstancias actuales y del futuro mediato.
No solo eso: también se tendrá la respuesta hacia el porqué de medidas económicas que se toman dentro de la provincia, y generan tanto aceptaciones como críticas: El tema es medir lo que se recauda con lo que se hace; y en vigilar todo el tiempo la justeza de los gastos o inversiones, aventando cualquier sospecha de corrupción.