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Lunes 09 de Marzo, Neuquén, Argentina
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Trump presiona, Netanyahu acelera e Irán apuesta al caos

Bibi quiere tiempo para terminar el trabajo; Trump necesita una salida rápida antes de que la guerra le cueste la agenda doméstica. Están juntos, pero no están igual de apurados.

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La guerra se extiende por toda la región
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Un Sánchez contradictorio volvió a enfurecer a Trump
La alianza entre Trump y Bibi se mantiene firme

A nueve días del inicio de la guerra, Benjamin Netanyahu se perfila como el gran ganador del conflicto. Además de haber logrado, una vez más, que Donald Trump lo acompañe e involucre a las fuerzas armadas más poderosas del planeta, es quien tiene más claros sus objetivos de guerra y cómo alcanzarlos: para eliminar definitivamente la amenaza nuclear y militar iraní, seguirá golpeando desde el aire al régimen que, acorralado, quiere resistir lo mas posible. El único problema que le puede aparecer a Bibi es que  Trump necesita, más temprano que tarde, cerrar este capítulo y encontrar una salida como la de Venezuela.

Trump quiere hacer funcionar su doctrina de "golpear y salir". Tiene razones: le resultó exitosa tanto en la guerra de los 12 días de junio como en Venezuela. En ambos casos le bastaron unos pocos días para disciplinar y reordenar el escenario a su gusto. Por eso, cada día que pasa eleva sus amenazas y sus ataques buscando, más que una rendición incondicional del régimen, un interlocutor, al estilo de Delcy Rodríguez en Caracas, que le garantice una salida negociada para que nada se desbande más de la cuenta y empiece a reinar el caos en Irán.

En el horizonte no aparece nadie que cumpla ese rol, o al menos nadie que Trump acepte. Ya descartó al hijo de Jamenei. No la tiene fácil. En las últimas horas quedaron expuestas las fracturas internas del régimen: mientras el presidente Pezeskian anunció que cesaría los ataques contra los países árabes, la Guardia Revolucionaria ordenó y ejecutó nuevos ataques sobre esos mismos objetivos. La sucesión del poder en un régimen que gobernó a sangre y fuego durante 47 años no parece nada sencilla aunque en las últimas horas habrían designado a un nuevo líder supremo, por ahora anonimo.

La intención del régimen es seguir escalando el conflicto para alargarlo todo lo que pueda.  Sabe que ese es el peor escenario para Donald Trump: si se empantana en Medio Oriente, puede complicarse su estrategia política doméstica. Ya hay señales preocupantes para él: el galón de gasolina (3,8 litros) aumentó un 14 por ciento por el cierre del estrecho de Ormuz y la preocupación global por la ampliación y la duración del conflicto. Desde hace tiempo, el bolsillo de los consumidores norteamericanos determina su humor y su voto, y en noviembre irán a las urnas en unas elecciones que marcarán sus dos últimos años de gobierno. Una derrota y la pérdida de las mayorías parlamentarias dejarían a Trump en una situación de extrema debilidad para sostener su agenda, tanto internacional como local.

Irán busca un conflicto de largo aliento con un objetivo claro: incendiar la región y generar caos global. Quiere profundizar las grietas tanto en Occidente como en el mundo árabe. La sobreactuación del español Sánchez, que quedó al descubierto en la distancia entre su discurso antibelicista y el envío concreto de dos fragatas a la región e ilustra el dilema europeo: sus opiniones públicas están en contra de la guerra, pero nadie quiere provocar la ira de Trump. Es sintomático que Meloni, quizás la dirigente más cercana al presidente de Estados Unidos, haya salido con fuerza a criticar la campaña militar tras cinco días de silencio en los que seguramente miró las encuestas.

También en el mundo árabe, sobre todo en los países del Golfo, el conflicto interrumpió abruptamente un mundo ideal: el de los negocios, las inversiones y el turismo. Por ahora se contuvieron, pero la pregunta que nadie quiere responder es qué pasaría si Irán continúa atacándolos. Deberían alinearse explícitamente junto a Estados Unidos e Israel en la guerra, o empezar a presionar a Trump para que frene el conflicto.

La guerra también impacta a China, que ya ve afectado su comercio de petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz. Nadie imagina a Beijing interviniendo militarmente, pero sí presionando y cooperando más estrechamente con Irán. Rusia, por su parte, parece haber dado un paso más, aunque lejos aún de cualquier intervención directa. Según informó el Washington Post en las últimas horas, Moscú estaría proporcionando a Irán inteligencia sobre las posiciones militares estadounidenses en la región, en lo que constituye la primera señal concreta de apoyo operativo ruso.

Lo que se viene parece ser una presión cada vez mayor de Estados Unidos para doblegar al régimen. Para lograrlo, Washington deberá acorralarlo y convencerlo de que no tiene más salida que negociar en los términos impuestos por Trump. Por ahora el régimen se muestra desafiante y dice que resistirá hasta la muerte tanto los ataques aéreos como una posible invasión terrestre que Trump, por ahora, no tiene planeada, y que sería el peor escenario para todos. Sobre todo para Estados Unidos.

Mientras tanto, Israel continúa acelerando para completar lo que inició pocas horas después del ataque terrorista del 7 de octubre de 2023: reconfigurar un Medio Oriente sin la amenaza iraní. Hamas y Hezbollah ya saben hasta dónde es capaz de llegar Netanyahu, quien está convencido de que este es el momento clave que la historia puso en su camino.

Para cumplir su objetivo, Netanyahu necesita el tiempo que Trump no le dio en la guerra de los 12 días, cuando de manera intempestiva le exigió frenar los ataques antes de terminar la tarea que ahora quiere completar: neutralizar definitivamente la amenaza existencial iraní. Bibi, con el apoyo de la mayoría de la sociedad israelí, cree que este es el momento para que Israel garantice su seguridad por las próximas décadas. Es lo que buscan desde el 7 de octubre de 2023, el día más trágico de la historia del país.


 

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