Ámbar nació con lo más importante: una idea clara, una familia trabajando unida y una convicción innegociable. Lucas y Marcos Buck no comenzaron con grandes inversiones ni estructuras armadas. Comenzaron con esfuerzo real, jornadas largas y la decisión de no aflojar, incluso cuando todo era cuesta arriba.
“Básicamente arrancamos sin plata”, recuerdan. Y esa frase resume una etapa donde cada avance se construía a pulmón: faltaba stock, faltaban herramientas, faltaban recursos. Pero sobraban ganas. Cada peso que entraba se reinvertía. Cada cliente era una oportunidad para demostrar compromiso. Cada entrega, una promesa cumplida. Así, paso a paso, Ámbar fue creciendo con una cultura de trabajo constante y una mentalidad de mejora permanente.
Con el tiempo, ese crecimiento dejó de ser solo supervivencia para transformarse en expansión. Ámbar consolidó su lugar en el mercado, fortaleció su estructura y evolucionó hasta convertirse en una empresa con presencia firme en la Patagonia. Hoy, no solo atiende al consumidor final, sino que también abastece a profesionales, aplicadores, empresas constructoras y desarrolladoras, además de operar como distribuidor mayorista, llegando a más de 50 corralones y ferreterías en el Alto Valle de Neuquén y Río Negro.
Pero lo más valioso no es solo el tamaño de la empresa, sino lo que sostiene ese crecimiento: una manera de trabajar.
Ámbar se apoya en cuatro pilares que definen su propuesta de valor y la experiencia que brinda a cada cliente:
• Asesoramiento: conocimiento técnico y acompañamiento real para elegir bien y resolver mejor.
• Competitividad: acuerdos estratégicos, optimización de costos y opciones de pago que hacen la diferencia.
• Logística y stock: capacidad de respuesta, depósito amplio y entregas que cumplen.
• Cercanía: trato directo, humano y enfocado en soluciones, no solo en productos.
El nombre Ámbar también tiene una historia. “El color de la gloria” representa esa ambición sana de construir algo grande, duradero y significativo. Y esa forma de hacer las cosas es la que convirtió a Ámbar en lo que es hoy: confianza, respuesta y crecimiento.
Hoy, Ámbar no es solo corralón y pinturería. Es el resultado de años de esfuerzo, de decisiones valientes, de trabajo sostenido y de un sueño que se convirtió en realidad. Una historia que demuestra que cuando hay compromiso, constancia y visión a largo plazo, el crecimiento no es casualidad: es consecuencia.