Un giro brusco, una caída violenta y un cuerpo golpeando el asfalto. Así comenzó la pesadilla de un trabajador de Viedma que, mientras cumplía tareas de reparto, cayó desde la caja de un camión en movimiento y terminó con una fractura de cráneo, convulsiones y varios días en coma. Ahora, tras un largo camino judicial, la Justicia ordenó que la empresa lo indemnice por las secuelas que marcaron su vida para siempre.
Todo ocurrió durante una jornada laboral común. Al doblar en una esquina, el conductor del camión realizó una maniobra abrupta. El trabajador perdió el equilibrio y cayó de lleno al pavimento. El impacto fue brutal. El diagnóstico inicial fue devastador: traumatismo encéfalo craneano grave, pérdida de conocimiento y convulsiones.
Como consecuencia, fue trasladado de urgencia al hospital de Viedma, donde ingresó en estado crítico y con asistencia respiratoria. Debido a la gravedad del cuadro, los médicos decidieron derivarlo a un centro de mayor complejidad. Permaneció varios días en terapia intensiva, mientras su familia esperaba noticias que tardaban en llegar.
Luego del alta médica comenzó otra etapa, igual de dura: la rehabilitación. El accidente le dejó una fractura de cráneo y lesiones auditivas que todavía hoy afectan su vida cotidiana. Sin embargo, el golpe más fuerte llegó fuera del hospital.
Según quedó probado en el expediente, la empresa para la que trabajaba no denunció el accidente ante ninguna Aseguradora de Riesgos del Trabajo. Tampoco le brindó cobertura médica ni se hizo cargo de los costos del tratamiento. Para colmo, solo le pagaron una parte del salario y nunca habían registrado formalmente la relación laboral.
Más adelante, cuando el trabajador recibió el alta definitiva, notificó su intención de volver a trabajar, reclamó los sueldos adeudados y exigió que regularizaran su situación. Del otro lado, silencio absoluto. Ante esa falta total de respuesta, se consideró despedido por injuria grave y llevó el caso a la Cámara del Trabajo de Viedma.
Durante el juicio se acreditó que la relación laboral existía desde antes del accidente y que el siniestro ocurrió en plena jornada de trabajo. Además, quedó claro que, al no haber cobertura de ART, la responsabilidad por las consecuencias recaía directamente sobre la empresa.
Dos pericias médicas fueron clave. Los especialistas confirmaron que el trabajador padece hipoacusia traumática en el oído izquierdo y un desorden mental orgánico que afecta su vida personal, social y laboral. Con esos informes, el tribunal determinó una incapacidad parcial, permanente y definitiva del 29,76 %. Finalmente, la Cámara del Trabajo de Viedma ordenó a la empresa el pago de todas las sumas reclamadas y fijó un plazo de diez días para cumplir con la sentencia.