Lo que comenzó como un accidente terminó en una escena digna de una película negra, pero sin ficción ni efectos especiales. Pasaje Gutiérrez y La Paz fueron el martes y el escenario de un episodio cargado de tensión, gritos, violencia y una actuación policial que, según testigos, cruzó todos los límites.
De acuerdo a los relatos una turista chilena atropelló accidentalmente a un perro con su vehículo Nissan y se dio a la fuga. La reacción fue inmediata y desesperada: el dueño del animal, devastado por la muerte de su mascota, salió corriendo detrás del auto hasta alcanzarlo. Allí, en medio del shock y la bronca, rompió los vidrios y el espejo retrovisor del vehículo.
La llegada de la policía, lejos de calmar los ánimos, fue gasolina sobre el fuego. Testigos aseguran que los efectivos no actuaron como mediadores, sino como provocadores. Un uniformado empujó al dueño del perro y, según los presentes, lo “invitó a pelear”, aun cuando el hombre estaba visiblemente quebrado emocionalmente. El desenlace fue previsible: el vecino reaccionó y golpeó al policía.
En medio del caos, un efectivo de civil exhibió su arma de fuego de manera intimidante. Un video que circula muestra con claridad cómo el policía muestra el arma “sueltamente”, amenazando al joven en plena vía pública, sin que existiera una situación que justificara semejante acción. No había un ataque armado, no había riesgo inminente: había una crisis que pedía contención y terminó con un arma fuera de la funda.
La violencia no se detuvo en la calle. El joven fue trasladado a la Comisaría 28 y allí, según denuncias difundidas en redes sociales por allegados, habría sido golpeado brutalmente. Minutos antes, cuatro policías lo habían reducido, esposado y subido al patrullero. Las acusaciones hablan de golpes en el rostro y maltrato dentro de la dependencia policial.