HISTORIAS COTIDIANAS

Crisis en tiempos navideños

Algo que te pasa a vos y a mí. Realidad que vivimos en Neuquén.
miércoles, 2 de diciembre de 2015 · 13:09

- Qué vamos a comer? Podríamos volver a hacer el arrollado riquísimo de la abuela Elba ¿Te acordás? ¡Tengo que llamar a la tía Adriana! Que se encargue de las ensaladas porque yo no pienso volver a hacerlas, se me pasó la tarde la Navidad pasada. Esperemos que venga tu tío Juan con los primos… Ahora que lo pienso, si no quieren venir entonces que no vengan y sería mejor, así no se pone a discutir con tu abuelo. ¿Tu hermano va a venir con la novia? Decile que me avise porque yo no quiero sorpresas. Acordate de ir al veterinario y que te vuelva a explicar qué hacemos con tu perro porque si hay fuegos artificiales se pone nervioso viste. ¿Sabés qué estaba pensando? Quiero hacer un pionono, pero uno diferente. ¡Ay! Espero que cobremos bien ahora porque de lo contrario estamos al horno… O al horno podríamos meter un pollo. Imagino que para el brindis te vas a quedar en casa, si querés después podés ir con tus amigos.

"Bla, bla, bla”, así sonaba en mi cabeza todo lo que me estaba diciendo mi mamá.

- Esperá un poco… Estás organizando y yo no sé si voy a ir a pasar las fiestas con vos. No creo que pueda – Le respondí por teléfono y, aunque me dolía ser sincera, era necesario.

Navidad, Navidad, dulce Navidad… O amarga, muy amarga. Para algunos será época de recreación. Se llenan de esperanza porque se acerca un nuevo año, vuelve el optimismo y aunque en la cena familiar tengan al lado a alguien con quien no tienen "feeling” le desean "buenas vibras” por cordialidad. Para otras personas, es una de las épocas más difíciles del año. Recuerdan la inflación, las ganas de tener un aumento de sueldo, la separación de sus padres, la falta de amigos y a quienes ya no están, la obligación de hacer sentir bien a sus hijos poniendo regalitos en el árbol. Para varios, se abren las heridas del alma.

- No voy a ir con mamá… - Le dije con timidez a mi papá.

-¿Por qué no? Tu hermano va a ir – Respondió.

- Tengo que trabajar y no pienso dejarte solo. Aunque me digas que no te importa, yo se que sí.

- Gracias, hija – Dijo en voz baja.

Terminaba de renunciar por completo a la posibilidad de viajar y una extraña Navidad me esperaba en Neuquén.

El clima navideño trae melancolía o extrema felicidad. Nos vemos atrapados en un ataque masivo lleno de consumismo. Las compras arrasan en los mercados cual tornado y la verdad es que hoy atravesamos tiempos difíciles.

Intentaba escapar de las conversaciones en las que mis amigas planeaban grandes encuentros en sus hogares o después del brindis. Todas ellas, absolutamente todas, iban a festejar y sentía que yo también tenía que hacerlo.

Muchas cosas me entristecían pero recordé que habían otras personas que se encontraban en mi misma situación. José, optimista, iba a pasar Navidad en la casa de su amigo, Facu y estarían juntos haciéndole frente a los malos momentos. Daiana, también optimista, iba a estar con su familia olvidándose de todos los malos momentos con ellos, vividos a lo largo del año y siendo felíz con tan solo verlos sonreír. Amancay, más optimista aún, iba a festejar a lo grande junto a sus primos en honor a quienes hacía poco se habían ido. Y yo… decidí ser felíz aquella noche por el simple hecho de poder compartir otra Navidad con mi papá, solos, comiendo arroz con atún; sabiendo que mi mamá y mi hermano estaban a 1200 kilómetros, pero juntos.

Aquella Navidad, mi visión de las cosas cambió. Hay gente increíble por doquier, sabiendo en su interior el engaño que trae la Navidad, pero aprovechando ese día para hacer felices a otras personas con mínimos detalles como un saludo, un regalo o simplemente acompañándolos en el positivismo.

¿Qué importa si Laura quiere ir después del brindis al río mientras que Josefina prefiere la Plaza de las Banderas? ¿Qué importa si Pablo no va a ir a la casa de Sebastián porque no quiere ver a Juana? ¿Qué importa si no hay dinero para el vitel toné? Me pregunto, qué importa eso si al final de todo estamos vivos otra Navidad más.

 

Algo que te pasa a vos y a mí. Realidades que vivimos en Neuquén.


Comentarios