En un rincón del Alto Valle, donde los frutales parecían tener nombre y apellido desde siempre, peras, manzanas, apareció una apuesta distinta. Una pareja de productores de Villa Regina tomó el riesgo: plantó guayaba feijoa, un fruto exótico e inesperado para estas latitudes. Y hoy, lo que comenzó como un experimento valiente ya dio frutos.
La planta resistió heladas, nieve, viento y se adapta sorprendentemente bien al clima duro de la región. Según relata el medio especializado Agrovalle, lo que era visto como una locura por muchos, hoy puede ser el germen de un nuevo cultivo.
Mientras muchos productores del Alto Valle miraban al mercado tradicional con recelo, estos dos productores decidieron romper el molde. La feijoa, nombrada como guayaba patagónica, respondió, y la cosecha rindió. Lejos de quedar en lo simbólico, la fruta ya encontró su mercado: verdulerías de la zona, envíos al Mercado Central, y hasta interés de empresas que trabajan con pulpas congeladas, helados o productos gourmet. Hay quienes la definen como “la fruta que podría darle aire nuevo al valle”.
No sólo eso, la idea de llevar el fruto desde la chacra hasta la mesa, o el vas, ya empezó. Los productores lanzaron un jugo 100% natural con manzana como primera prueba; planean sumar variedades de guayaba, uva, pera y ciruela. Ese combo: fruta + valor agregado, marca la diferencia entre un sueño y una real esperanza de futuro.
La feijoa no es un frutal cualquiera. Tiene fama de “duro” frente a climas exigentes. Resiste heladas hasta –14 °C, nieve, viento, y con un manejo adecuado en espaldera puede adaptarse. Para un valle golpeado por crisis en la pera y la manzana, parece un salvavidas.
Pero no todo es garantía, porque el éxito de un puñado de plantas no es lo mismo que generalizar la apuesta. El clima, cada vez más caprichoso, puede jugar malas pasadas. Las sequías, las heladas tardías, la falta de agua, un verano seco: esos son enemigos reales. Además, la producción hoy es pequeña, casi artesanal. Si la guayaba quiere escalar, va a necesitar inversión seria, infraestructura, logística, frío, comercialización.
Lo que resulta atractivo de esta historia no es sólo que la fruta crezca. Es que representa un bostezo de aire fresco: un giro cultural, generacional y productivo. El Alto Valle no necesita más de lo mismo. Necesita voces nuevas, fruta diferente. Necesita apostar a lo que otros descartan.
Por eso, la guayaba feijoa puede ser esa bocanada de renovación que tanto se necesita. Y si se suma más gente, mercado, escala y valentía puede transformarse en algo grande.