En el extremo sur del territorio argentino, cuando la Patria todavía estaba en construcción, se libró una batalla que cambió el rumbo de la historia y, sin embargo, quedó relegada al margen del relato nacional. Fue el 7 de marzo, a orillas del río Negro, cuando las milicias de las Provincias Unidas del Río de la Plata derrotaron a las tropas de la marina del Imperio del Brasil en lo que hoy se conoce como la Gesta del 7 de Marzo.
En aquel entonces, Carmen de Patagones era el punto más austral del país. Un fuerte aislado, estratégico y vital. Perderlo significaba abrirle la puerta al avance extranjero sobre la Patagonia. Defenderlo, en cambio, era defender el territorio argentino cuando todavía no había mapas cerrados ni fronteras firmes.
Las condiciones eran desiguales. Las fuerzas brasileñas contaban con mayor poder militar y experiencia naval. Del otro lado había soldados, milicianos y vecinos del fuerte. Gente común, armada más con convicción que con recursos. Y, sin embargo, resistieron, pelearon y ganaron.
Esa victoria no solo aseguró la posesión del fuerte, sino que dejó un mensaje claro: el sur también defendía la soberanía nacional. Pero la historia no fue justa. El episodio nunca terminó de ocupar el lugar que merece, en parte por la complejidad política y diplomática de la época y, especialmente, por la relación con Brasil.
Hoy, a poco más de un año de que se cumplan dos siglos de aquella gesta, desde Viedma comenzó a tomar forma una iniciativa que busca romper ese silencio. El objetivo es claro: instalar la Batalla del 7 de Marzo en la agenda nacional, sacarla del rincón regional y ponerla en el lugar que corresponde dentro de los grandes hitos de la historia argentina.
No se trata solo de recordar un hecho del siglo XIX. Se trata de revisar la historia, de ampliarla y de reconocer que hubo batallas decisivas lejos de Buenos Aires, protagonizadas por pueblos que pusieron el cuerpo cuando el país todavía era una idea en construcción. La propuesta apunta a acciones de difusión histórica, actividades con proyección nacional y un reconocimiento institucional que permita que la gesta deje de ser un dato para especialistas y se convierta en patrimonio de todos los argentinos.
En ese marco, el intendente de Viedma, Marcos Castro, fue contundente: “Es un acontecimiento histórico de enorme relevancia”. Y fue más allá al ubicarlo junto a otros símbolos de la defensa nacional: Malvinas y la Vuelta de Obligado.
Castro remarcó que la falta de visibilización histórica no es casual, pero sí injusta. “Tiene que ser conocido, reconocido y puesto en valor, no solo a nivel local o regional, sino por todo el pueblo argentino”, sostuvo.
Además, señaló que el bicentenario es una oportunidad clave para pensar un evento de fuerte impacto, capaz de instalar el tema en la agenda pública y darle la centralidad que nunca tuvo. Incluso, dejó abierta una puerta simbólica fuerte: el reconocimiento nacional, y hasta la posibilidad de un feriado, como ocurre con otras fechas ligadas a la soberanía.
“Eso también tiene su valor”, aclaró, aunque subrayó que lo esencial es otra cosa: el reconocimiento histórico y cultural de una gesta que defendió el territorio argentino cuando todo estaba en juego.