El ingeniero forestal Mario Pastorino, doctor en Ciencias Forestales e investigador del INTA y el CONICET, advirtió que la presencia de pino radiata en la cordillera patagónica aumenta la severidad de los incendios y complica la recuperación del bosque nativo. Lo dijo durante una entrevista en Entretiempo, por AM550 y 24/7 Canal de Noticias.
Pastorino explicó que los pinos son especies exóticas introducidas desde el hemisferio norte con fines productivos. “Tienen una gran productividad y son excelentes para la industria de la madera. Mientras se mantengan en plantaciones manejadas, no hay ningún problema”, señaló. El conflicto comienza cuando las semillas se dispersan fuera de esas plantaciones y avanzan sobre ecosistemas naturales.
Una especie más combustible
El investigador indicó que el pino radiata (también llamado pino insigne) contiene altas concentraciones de resinas y aceites esenciales, lo que lo convierte en una especie altamente inflamable. “Cada pino es como un bidón de nafta dentro de un bosque de coihue”, graficó.
Aclaró que los incendios no se originan por la presencia de pinos. Recordó que el fuego en el Parque Nacional Los Alerces comenzó por la caída de un rayo y que el de Puerto Patriada habría sido intencional. Sin embargo, cuando las llamas alcanzan masas de pino radiata, el comportamiento del fuego se vuelve más intenso y el daño ecológico es mayor.
El ciclo que se repite desde 1987
Pastorino detalló que en Puerto Patriada ya se registraron cuatro incendios en el mismo sector desde 1987. Esa primera quema afectó plantaciones y ejemplares que ya estaban avanzando sobre el bosque nativo. A partir de allí, el pino radiata activó un mecanismo propio de su biología: las piñas serótinas, que permanecen cerradas durante años y se abren con el calor del fuego.
Al abrirse, liberan una gran cantidad de semillas que germinan sobre las cenizas en la temporada siguiente. “Se forma una alfombra verde de pinos”, describió. Esa regeneración masiva impide que especies nativas como el coihue y el ciprés recuperen el terreno.
La intervención, después del incendio
Frente al escenario actual, el investigador planteó que la acción debe concentrarse el próximo año, cuando germinen los nuevos plantines. En sus primeros años de crecimiento, los pinos pueden extraerse con facilidad. El desafío es la escala: se trata de millones de ejemplares.
“Más que matar un pino, se trata de salvar al coihue o al ciprés que el pino no deja instalarse”, sostuvo. Según explicó, la erradicación temprana permitiría que el bosque original recupere espacio y evitaría que vuelva a consolidarse una masa forestal que favorece incendios de alta severidad.
En un contexto de incendios recurrentes en la región andina de Río Negro y Chubut, Pastorino remarcó que el debate debe centrarse en cómo manejar las especies exóticas fuera de plantaciones productivas y proteger los ecosistemas nativos de la Patagonia.
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