Un operativo municipal de control rutinario terminó con un hallazgo que sacudió a Cipolletti: más de 70 toneladas de pollo en estado de putrefacción fueron detectados en una distribuidora de alimentos de calle Las Heras. La clausura preventiva del local y de sus equipos de frío dejó en evidencia un escenario alarmante que ahora será materia de decomiso y destrucción total, según lo disponga el Juzgado de Faltas.
La escena dentro del establecimiento era tan cruda como difícil de digerir. Los equipos de refrigeración estaban fuera de servicio, y la mercadería, pollos enteros, pechugas y patas muslos que debían estar congeladas, se encontraba expuesta a temperaturas que rompieron la cadena de frío. El resultado: productos con líquidos rojizos exudando, olores nauseabundos y signos claros de descomposición.
Pero el espanto no terminaba allí. Al recorrer las instalaciones, los inspectores se toparon con pisos cubiertos de fluidos, un hedor penetrante y una infraestructura edilicia deteriorada que convertía al lugar en una verdadera bomba sanitaria. La descripción oficial habla de "deficiencias graves en higiene y orden", pero la realidad es que lo que se respiraba allí era un riesgo directo para la salud pública.
Además, el operativo no se limitó a la distribuidora. Como parte de los controles, se detectó la venta de alcohol fuera del horario permitido en tres vinotecas de la ciudad. Los comercios ubicados en Esquiú y Naciones Unidas, 25 de Mayo y Perú, y Primeros Pobladores y Venezuela fueron sancionados y obligados a cesar sus actividades de inmediato.