El trágico siniestro vial ocurrido el sábado a las 2:30 de la madrugada sobre la avenida Ricardo Alfonsín (ex Ruta 7), en la ciudad de Neuquén, reabrió un debate incómodo pero necesario: el rol de los guardarraíles en la seguridad vial cuando el involucrado es un motociclista.
El sábado un motociclista de 32 años murió tras protagonizar un violento choque en la mencionada avenida, a la altura del nodo derivador hacia la calle Dr. Ramón, en el ingreso norte de la ciudad de Neuquén. Por motivos que se investigan, la motocicleta impactó de manera directa contra la cartelería vial y el guardarraíl del derivador, en un sector de alto tránsito y maniobras exigentes, incluso durante la madrugada.
A partir de ese hecho, Eduardo Prueger, reconocido especialista en criminalística, peritaje en accidentología vial y homicidios complejos, difundió en sus redes sociales un análisis técnico en el que expone con crudeza una problemática estructural que, según advierte, sigue sin ser abordada de manera integral.
Seguridad para autos, peligro para motos
Los guardarraíles —denominados técnicamente Sistemas de Contención de Vehículos (SCV)— fueron diseñados para evitar consecuencias mayores en despistes de automóviles: vuelcos, caídas a desniveles o choques frontales. Sin embargo, Prueger señala una dualidad crítica: aquello que protege a los vehículos de cuatro ruedas puede convertirse en una trampa mortal para quienes se desplazan en motos.
“La estructura metálica, pensada para detener toneladas, interactúa de forma completamente distinta con un cuerpo humano”, explica el especialista en su análisis.
El “efecto cuchilla” y la zona cervical
Uno de los mayores riesgos está dado por la configuración geométrica del guardarraíl: la bionda metálica horizontal y los postes verticales de sostén.
En caso de caída, el motociclista suele salir despedido y su cuerpo impacta directamente contra la barrera. El borde superior de la bionda actúa como una arista de corte, concentrando toda la energía del impacto en una zona extremadamente sensible, como el cuello. A velocidades relativamente bajas —superiores a los 30 km/h— ese contacto puede provocar lesiones cervicales devastadoras, amputaciones e incluso decapitaciones.
Los postes verticales, por su parte, funcionan como verdaderas guillotinas cuando el cuerpo impacta contra ellos sin posibilidad de absorción progresiva de energía.
Una barrera rígida sin margen de error
A diferencia de los automóviles, que cuentan con zonas de deformación programada, el motociclista no tiene estructura de protección externa. Cuando el cuerpo humano colisiona contra un guardarraíl, la desaceleración es casi instantánea.
Desde el punto de vista físico, la energía cinética no se disipa: es absorbida íntegramente por el organismo. El resultado suele ser una combinación de fracturas múltiples, traumas internos masivos y daños irreversibles en órganos vitales.
El hueco inferior: otro riesgo crítico
Prueger también pone el foco en un aspecto muchas veces ignorado: el espacio libre entre el suelo y la bionda. En una caída, lo esperable sería que el motociclista pierda velocidad por fricción sobre la banquina. Sin embargo, el diseño actual permite que el cuerpo se deslice debajo de la valla y choque violentamente contra los postes, interrumpiendo de forma abrupta cualquier desaceleración gradual.
¿Hay alternativas?
La ingeniería vial moderna ofrece soluciones concretas. los Sistemas de Protección para Motociclistas (SPM) ya se aplican en distintos países y contemplan: faldones continuos que sellan el espacio inferior del guardarraíl; superficies lisas de redireccionamiento, que permiten al cuerpo deslizarse sin impactos cortantes; materiales con capacidad de absorción de energía, pensados específicamente para el impacto de un cuerpo humano.
Para Prueger, el siniestro ocurrido en Neuquén no es un hecho aislado sino una señal de alerta. “Mientras no se generalice la implementación de sistemas de protección para motociclistas en curvas y derivadores, el guardarraíl seguirá cumpliendo un rol paradójico: en lugar de salvar vidas, castigar el error humano con la máxima severidad”, advierte.
El debate vuelve así al centro de la escena: infraestructura vial pensada para todos los usuarios, no solo para quienes viajan protegidos por un habitáculo.