El inicio del 2026 volvió a mostrar una postal repetida en distintas ciudades de Río Negro: pese a que rige la Ley N° 5.761 de Pirotecnia Cero, la llegada del Año Nuevo estuvo acompañada por estruendos y fuegos artificiales.
En Bariloche, apenas el reloj marcó las 00 horas, distintos sectores se iluminaron y estremecieron con detonaciones de todo tipo, en abierta contradicción con la normativa vigente y la fiscalización anunciada por la Municipalidad. La escena se repitió en numerosos barrios, generando preocupación por los efectos en animales domésticos y silvestres, así como en personas con hipersensibilidad auditiva o niños con trastornos del espectro autista. El contexto ambiental agrava la situación: la ciudad atraviesa una emergencia ígnea, con índices de peligro muy altos de incendios forestales.
Pese a que en Cipolletti rige la ordenanza de Pirotecnia Cero el inicio del 2026 volvió a mostrar las dificultades para garantizar su cumplimiento. Los estruendos se escucharon durante varios minutos en barrios como Bogotá, San Lorenzo, Don Bosco y Piedrabuena, principalmente en la zona norte de la ciudad, generando consecuencias directas sobre mascotas y personas con hipersensibilidad auditiva. Vecinos relataron huidas masivas de animales que rompieron rejas, saltaron tapiales o escaparon por portones abiertos durante los festejos, mientras protectores independientes y familias solidarias improvisaron refugios temporarios hasta dar con los dueños de los perros, muchos de ellos sin raza específica pero claramente provenientes de hogares, alimentados y en buen estado de salud.
En Allen, vecinos denunciaron un uso generalizado de pirotecnia sonora durante el brindis y varias horas de la madrugada. Los estruendos fueron incluso más intensos que en Navidad, generando malestar en la comunidad. Mascotas escaparon de sus hogares, deambulando desorientadas por las calles, y familias remarcaron la falta de empatía hacia los sectores más vulnerables.
En Roca, la asociación Ranhu advirtió que fueron numerosos los perros perdidos y aturdidos por la pirotecnia. Vecinos se manifestaron en redes sociales reclamando el cumplimiento de la normativa y expresaron su malestar por los efectos en niños con autismo y en las mascotas, señalando que cada año se repite la misma situación.
El caso más doloroso se registró en General Fernández Oro, donde una familia perdió a su perro salchicha, que falleció de un infarto provocado por el estrés extremo generado por los fuegos artificiales. “Estamos todos destruidos”, expresaron los dueños, reflejando el impacto emocional que trasciende lo material: se fue un integrante más de la familia.
El inicio del 2026 dejó así una imagen que se repite año tras año: ciudades con normas claras y advertencias reiteradas, pero con incumplimientos que afectan la convivencia social, la salud de personas y animales, y el ambiente que nos rodea.