El incendio que azota la región de Puerto Patriada, en el Hoyo, Chubut, estuvo a punto de alcanzar el complejo turístico Puerto Quintín, propiedad de Diego Hernández Gerez. A pesar de la cercanía del fuego, que estuvo a tan solo 50 centímetros de las cabañas, el complejo se salvó. Sin embargo, el impacto emocional y económico fue devastador, y el propietario relató su experiencia con angustia y agradecimiento por haber evitado lo peor.
Diego contó en el programa Verano de Primera por AM550, que, la madrugada del lunes, el incendio ya se encontraba muy cerca de las cabañas, y las llamas se acercaban peligrosamente a la estructura de los dormitorios. "El fuego estaba pegado a la parte de atrás de los dormis", describió. Afortunadamente, el viento favoreció la dispersión de las cenizas hacia el lago y hacia los costados, evitando que las llamas se propagaran aún más. "El viento ayudó, porque las cenizas volaban hacia la altura de los pinos, y eso evitó que el fuego llegara más cerca", explicó.
El propietario tiene claro que lo ocurrido no fue un accidente. "Sabemos que fue intencional", afirmó, refiriéndose a la modalidad en que los incendios suelen desatarse en la zona. Diego señaló que las condiciones del clima, con viento fuerte y temperaturas altas, hacían prever que el desastre podría desatarse rápidamente. "El viento hace que el fuego se propague en pocas horas", explicó, y agregó que la situación fue aún más grave por las circunstancias particulares del incendio.
El impacto emocional: impotencia, angustia y esperanza
El testimonio de Diego reveló el profundo impacto emocional que el incendio tuvo en él y en su familia. "Es una impotencia, angustia y bronca todo el esfuerzo de un año entero, con las reservas casi completas y con tantas ganas de arrancar la temporada", confesó. Sin embargo, tras procesar lo sucedido, también reconoció que, a pesar de todo, se siente afortunado. "Terminas siendo un agradecido, porque no se te llevó todo. Hay gente que perdió todo, pero nosotros, por suerte, estamos en pie", dijo con un dejo de esperanza.
Diego también resaltó la importancia del trabajo en equipo y la solidaridad, especialmente en momentos de crisis. "Hoy tenemos que estar todos ayudándonos. La gente que está en peores condiciones que nosotros, los que perdieron sus casas, necesitan de nuestra ayuda", afirma, aludiendo al impacto devastador del incendio en la comunidad.
El caos de la evacuación y la desesperación de los turistas
El fuego no solo afectó el complejo Puerto Quintín, sino que también provocó una evacuación masiva de turistas en la zona. "Puerto Patriada estaba al 100% completo", relató Diego. En el complejo había familias con niños pequeños y bebés, y la situación fue crítica. Las evacuaciones comenzaron, pero debido al viento, el fuego bloqueó los caminos, generando una situación caótica. "Las familias tuvieron que regresar al complejo, llevar colchones, frazadas, todo, y refugiarse en la costa", recordó.
El caos se incrementó cuando los turistas, atrapados por el fuego y el humo, se vieron obligados a encontrar formas improvisadas de protegerse. "Los bebés y niños fueron puestos en vehículos donde había menos humo", añadió Diego. La situación de desesperación no solo afectó a los turistas, sino también a los prestadores de servicios turísticos que tuvieron que lidiar con la cancelación masiva de reservas.
El desafío de reconstruir tras la tragedia
Para Diego, este incendio no solo fue una prueba de resistencia personal y profesional, sino también un golpe económico muy duro. Después de una temporada de invierno marcada por la falta de nieve y una actividad turística reducida, el complejo esperaba con ansias una recuperación con la llegada de la temporada de verano. Sin embargo, el desastre vino a complicar aún más las cosas. "Después de un invierno difícil, veníamos con todo para la temporada de verano, pero ahora estamos lidiando con esta situación", dijo Diego, visiblemente afectado.
En medio de la crisis, la incertidumbre económica es palpable. Muchos turistas no entienden la magnitud de la tragedia, y algunos exigen respuestas rápidas y compensaciones. "Algunos quieren su dinero urgente, otros piden que les consigamos un lugar en otro lado", explicó.
Además de los daños materiales, Diego tuvo que hacer frente a un problema adicional: el suministro de agua. "Se me quemó todo lo que me abastecía de agua, las mangueras de vertiente y arroyo", contó. Debido a la alta temperatura del suelo, no puede volver a poner las mangueras, por lo que se ve obligado a buscar soluciones alternativas, como un pozo de agua.
Seguros y esperanza para el futuro
A pesar de la magnitud del desastre, Diego tiene un resquicio de esperanza. "Tengo seguro, por suerte, y eso me da algo de tranquilidad", afirma. Sin embargo, el camino hacia la recuperación no será fácil. "Esperamos poder transitar el mes de febrero y, aunque no será fácil, espero que podamos recuperar algo", expresó, mientras continúa gestionando las cancelaciones y buscando maneras de salir adelante.