Río Negro está a meses de un cambio histórico. Si el cronograma se cumple, a fines de 2026 la Argentina comenzará a exportar petróleo desde la costa rionegrina, algo impensado hace apenas algunos años. El escenario ya no es una promesa: en Punta Colorada crecen los tanques, se mueve el suelo y se acelera una obra que va a modificar el rol de la provincia en la economía nacional.
El dato lo confirmó el gobernador Alberto Weretilneck, tras recorrer el sábado por la tarde los avances del proyecto Vaca Muerta Oil Sur, donde se construyen seis enormes tanques de almacenamiento que formarán parte de la terminal de exportación. Allí, frente a trabajadores y técnicos, dejó una definición clara: el petróleo de Vaca Muerta va a salir al mundo desde Río Negro.
Pero ¿qué es lo que va a pasar concretamente? En primer lugar, la provincia se convertirá en la puerta de salida del petróleo argentino hacia el Atlántico. El oleoducto une Allen con Punta Colorada a lo largo de 437 kilómetros y permitirá transportar grandes volúmenes de crudo desde el corazón de Vaca Muerta hasta la costa, sin depender de cuellos de botella ni rutas saturadas.
En Punta Colorada, el corazón del sistema, se construyen seis tanques con una capacidad total de 720 millones de litros de petróleo. Esa infraestructura permitirá almacenar, regular y despachar el crudo para exportación, consolidando a Río Negro como un nodo clave de la matriz energética nacional.
El impacto no será solo técnico. El empleo va a explotar en 2026, según las estimaciones oficiales, entre marzo y abril del próximo año se alcanzará el pico de obra, con alrededor de 1.600 trabajadores en actividad. Operarios, técnicos, soldadores, logística, servicios: el movimiento ya empieza a sentirse y promete multiplicarse.
Además, la puesta en marcha del sistema traerá dólares, actividad portuaria, movimiento comercial y un nuevo perfil productivo para la provincia. La capacidad inicial será de 180.000 barriles diarios desde diciembre de 2026, con una rápida ampliación a 390.000 barriles en el segundo semestre de 2027 y una tercera etapa que podría llevar el volumen hasta 550.000 barriles diarios.
Mientras tanto, los trabajos no se detienen. En noviembre se completó la última soldadura automática del oleoducto, un hito técnico clave. Hoy avanzan las pruebas hidráulicas, las obras civiles y el montaje de instalaciones. En la terminal de exportación se concentran las tareas más pesadas: estructuras principales, impermeabilización, protección catódica, montaje de domos, caminos internos y sistemas de drenaje.
La inversión total ronda los 3.000 millones de dólares, una cifra que por sí sola marca la magnitud del proyecto. No se trata solo de un oleoducto: es una infraestructura pensada para décadas, que posiciona a Río Negro como una provincia exportadora, previsible y estratégica para el desarrollo energético del país.