Don Argentino Aranea era originario de San Carlos de Bariloche, aunque la mayoría lo conoció por su último hogar, la conocida casita de Collón Curá. La vivienda estaba ubicada en el kilómetro 1508 de la Ruta Nacional 237.
Sin energía eléctrica, agua potable ni gas, la construcción era tan solitaria como quien la moraba. Varias historias intentaron explicar el origen de este hombre y cómo el destino lo había llevado a vivir en una zona tan recluida. Lo cierto es que su presencia se convirtió en parte del paisaje, y una parada habitual para varias personas que se detenían para dejarle agua o algún alimento.
Quienes le brindaban esa ayuda se organizaron por Facebook para asistirlo e ir informando sobre su estado de salud. Incluso colaboraron para hacer una casa con chapas y madera, mejor armada y más cómoda que la vivienda precaria que habitó durante tanto tiempo.
En enero de 2019 ese mismo grupo organizó una limpieza general del lugar, aprovechando que Argentino debía ir hasta Piedra del Águila para hacerse unos chequeos médicos. La casa estaba rodeada de desechos y alimañas pero con trabajo quedó mucho mejor. Pese a esto, el hombre nunca volvió a su hogar. Estuvo internado por un cuadro de desnutrición y deshidratación. Cuando su salud empeoró fue derivado al hospital de Plaza Huincul. Allí pasó sus últimos días sin hablar, con una marcada depresión y lejos de su lugar en el mundo. Finalmente, Argentino murió en septiembre de 2019.
Las pocas cosas de la casa fueron saqueadas
Durante la internación de Argentino ya se podía observar que comenzaban a faltar cosas en la vivienda, tanto en la original como en la que construyeron los vecinos solidarios. Puertas, ventanas y elementos del interior iban desapareciendo con el correr del tiempo, además del daño producto del abandono y las condiciones climáticas. Incluso en el último tiempo desapareció hasta un cartel que habían colocado, donde se contaba la historia de Aranea y se mostraba una foto suya.
La imagen que tiene el lugar este verano dista mucho de aquella original. Las chapas y maderas habrán servido para mejorar algún corral o vivienda de la región, al igual que los pocos muebles. La postal de la casita del ermitaño se va a mantener, y además de las cenizas de Aranea que reposan en el lugar, va a quedar la misteriosa historia de un hombre que se convirtió en parte del paisaje de una de las rutas más transitadas del país.