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Martes 20 de Enero, Neuquén, Argentina
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¿Tener menos hijos derivará en una mejor educación?

La gente tiene menos hijos en Argentina, y eso repercutirá en la educación; pero Neuquén tiene su singularidad en el contexto.

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Hay un dato que enciende la fiebre planificadora de los “expertos” en educación en Argentina. Es demográfico, es un hecho concreto, no puede rebatirse: en la última década, la natalidad se redujo cerca de 40 por ciento. La gente, por distintos factores, tiene menos hijos. La sociedad, por tanto, va cambiando en su composición, y se prevé que, en poco tiempo, haya en Argentina más viejos que jóvenes.

En distintos foros y encuentros analíticos, el debate del tema ha ocasionado una primera conclusión, tal vez apresurada: se estaría ante la oportunidad de cambiar cantidad por calidad, pues, con los mismos recursos económicos, se podría atender mejor a una población escolar que va decreciendo en lugar de ir aumentando.

La prudencia indica que habría que poner mucha atención en la aplicación de políticas públicas al respecto. Primero, atendiendo al hecho, también irrefutable, del gravísimo deterioro educativo en Argentina; y, segundo, a que la singularidad educativa tiene que ver con una organización del sistema con alta fragmentación, y realidades muy cambiantes según la provincia del país de la que se trate.

En Neuquén, por ejemplo, la realidad demográfica no necesariamente coincide con la estadística del resto del país, pues, si bien también su población responde al molde de menor natalidad per cápita, al mismo tiempo, crece a una velocidad singular, por el alto componente migratorio permanente y dinámico que muestra la provincia, y que, incluso, se acrecienta en función del desarrollo de Vaca Muerta.

Así, mientras en otras regiones del país es probable que no haya necesidad de seguir construyendo escuelas, en Neuquén, al menos en la región de la Confluencia, esa necesidad se sostiene, e incluso se acrecienta, por la expansión poblacional y su consecuente nueva demanda del servicio educativo en zonas en las que hasta hace poco no existía.

 En concreto, en Neuquén, tener menos hijos no se corresponde mecánicamente con menos niños que requieren el servicio escolar, al menos, por ahora. Por el contrario, la demanda se incrementa, por ejemplo, en la capital neuquina, y en todo lo que es el desarrollo urbano hacia el Oeste y la meseta.

Así, esa contraposición entre cantidad y calidad, posiblemente no sea aplicable como sí podría hacerse en otros distritos. Aquí, es probable, habrá que trabajar por la calidad sin perder de vista, al mismo tiempo, que la exigencia de infraestructura y de plantel docente no cambiará, en estos años, su tendencia siempre exigente hacia el incremento del presupuesto público.

 

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