Después de años de estancamiento, la agricultura volvió a mostrar señales claras de crecimiento en Río Negro. Durante 2025, el avance del riego, la incorporación de nuevas hectáreas productivas y la diversificación de cultivos empujaron una recuperación que se sintió en el campo, en los pueblos rurales y en la demanda de trabajo. No fue un rebote aislado: fue un cambio de ritmo.
El riego fue la llave que abrió la puerta. En distintas zonas de la provincia comenzaron a ponerse en valor tierras que durante años estuvieron subutilizadas. Proyectos como Negro Muerto, Guardia Mitre, Colonia Josefa y el corredor Pomona–San Antonio ampliaron la frontera agrícola y proyectan más de 100.000 hectáreas con potencial productivo, integrando agricultura, ganadería y horticultura.
Con agua disponible, el mapa de cultivos empezó a cambiar. La alfalfa y el maíz ganaron terreno como base de la producción forrajera, fortaleciendo la ganadería en distintas regiones. Al mismo tiempo, el trigo volvió a ocupar un lugar estratégico y la cebolla se consolidó como un cultivo clave por su capacidad de generar ingresos rápidos y mano de obra intensiva.
Ese movimiento no quedó solo en los lotes. A medida que crecieron las superficies sembradas, también aumentó la actividad de contratistas, transportistas y servicios rurales. La demanda de trabajo creció, especialmente en zonas como Conesa, Guardia Mitre y el Valle Inferior, donde la cebolla y la horticultura traccionaron empleo estacional y permanente.
Otro cambio fuerte se dio en la producción de cercanía. Durante el año se multiplicaron los invernaderos y sistemas intensivos que permiten producir verduras durante todo el año, incluso en localidades con climas duros. Esto no solo achicó costos de traslado, sino que garantizó alimentos frescos y producción local sostenida.
En paralelo, la apicultura siguió creciendo sin hacer ruido. Hoy, más de 400 apicultores producen alrededor de 1.200 toneladas de miel al año en la provincia. La actividad se expandió con más colmenas, salas de extracción habilitadas y formación técnica, consolidándose como una alternativa productiva estable y sustentable.
El cuidado ambiental también empezó a ocupar un lugar más visible en el esquema agrícola. El uso más ordenado de insumos y la recolección de envases fitosanitarios marcaron un avance en prácticas que apuntan a producir más, pero con menos impacto. El balance de 2025 muestra una agricultura que volvió a ponerse de pie. Con riego, diversificación y más hectáreas en producción, el campo rionegrino dejó atrás la quietud y empezó a moverse otra vez.