Es una mañana calurosa de noviembre. La generosa sombra de la mora y la tierra regada permiten sobrellevar la canícula. En la mesa, diminuta, sólo caben el termo, el mate, un frasco con azúcar y un paquete -a medio terminar- de galletitas saladas.
Dos sillas de madera; medio siglo de vida cada una. Con tientos una de ellas. La otra aún conserva el asiento de totora.
Somos tres contemplando el día. Pocholo junta unas ramitas secas. Está por prender el fuego y poner a cocer un trozo de carne en la parrilla.
Parece temprano para la faena gastronómica. Y sin embargo el cálculo del tiempo luego le dará la razón. Su andar cansino refleja una singular percepción del paso de la horas.
Detrás de mí, el Chiquitín. “Los caballos son muy inteligentes. Más de lo que muchos creen” me dice Pocholo sin pausar la búsqueda de esos pequeños palitos para alimentar las primeras llamas.
“El Chiquitín conmigo es más cariñoso que un perro. Es como mi mascota. Además de llevarlo al campo, de mostrarlo en algún desfile, de salir a dar una vuelta por el pueblo… De presumido que soy nomás…”; la frase queda trunca. Seguro un recuerdo de aquellas andanzas genera una sonrisa mientras va de aquí para allá. Y le creo. No solo de sus “salidas a caballo”. También de la mansedumbre del equino.
Saboreo un mate, el Chiquitín me regala una mirada dulce. Se me ocurre que debo retribuir ese obsequio. Y pienso en “dulce”. Del frasco con azúcar saco un terrón blancuzco. Acerco la palma de la mano a su boca. En una fracción de segundos el azúcar se hace almíbar en la boca del animal. Se relame sus labios carnosos aprovechando cada resto de esa “golosina”.
Todo ocurre bajo la sombra de la mora. Pocholo ya prendió el fuego y ahora lleva unos leños más gruesos. De los que hacen brasas. Para esa tira de carne que espera aun sobre la tabla.
Vuelvo a la silla para cebar otro mate. Y al levantar el frasco para endulzar la infusión, la húmeda y pesada anatomía de Chiquitín me moja la oreja. Un lengüetazo de aquellos para decirme sin palabras que le encantó el azúcar.