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Sábado 29 de Noviembre, Neuquén, Argentina
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La semana en que el fútbol argentino se arrodilló

El título "administrativo" otorgado a Rosario Central, los premios Alumni, el pasillo-gate de Estudiantes de La Plata, la sanción a los jugadores "pinchas", el apoyo forzado del fútbol del interior. Una semana sin desperdicio para el periodismo 

Sabado, 29 de noviembre de 2025 a las 18:26
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La entrega de los premios Alumni con el apoyo de los clubes del ascenso y las Liga del Interior, rozó lo patético

Lo de estas horas es una postal triste, cobarde y grotesca del fútbol argentino. Una fila interminable de Ligas del interior y clubes de primera saliendo a “bancar” a Pablo Toviggino y Claudio "Chiqui" Tapia como si fuera un ritual obligatorio, una misa donde nadie cree pero todos repiten el rezo por miedo a ser castigados después. 

Y que quede claro, esto no es apoyo. Es obediencia. Es la foto más nítida de un sistema que funciona a presión, donde nadie quiere quedar afuera del reparto ni adentro de la lista negra.

Lo lamentable no es que las Ligas cedan. Lo lamentable es que saben exactamente lo que están haciendo. Porque cuando todos se postran, cuando todos firman comunicados para quedar bien con el poder de turno, el mensaje es uno solo "nos da lo mismo cómo esté el fútbol, mientras no nos toquen”.

Y así estamos: un país futbolero conducido por silencios, amenazas veladas, pasillos oscuros y una obediencia que huele a miedo. Pero ese miedo tiene consecuencias. Y nadie se está haciendo cargo. El clima ya dejó de estar “raro”, está podrido. Podrido de manejos, de presiones, de arbitrajes que generan sospechas, de decisiones que nadie explica, de operaciones que todos conocen pero nadie dice en voz alta.

Las Ligas que hoy aplauden para zafar serán las mismas que mañana van a fingir sorpresa cuando todo explote. Porque va a explotar. Porque esto no cierra. Porque esto no aguanta. Porque cuando un deporte entero está conducido nada más que por intereses y aprietes, tarde o temprano aparece lo que nadie quiere, una desgracia.

Y ese día, no será culpa del azar. No será un “lamentable episodio”. No será algo “que nadie podía prever”. No. Ese día tendrá responsables. Responsables con nombre y apellido. Y entre ellos van a estar todos los que hoy bajan la cabeza, firman comunicados y aplauden como si estuvieran celebrando… cuando en realidad están cavando el pozo.

El fútbol argentino no está en crisis, está en pleno derrumbe.

Y los que dicen que está todo bien son los mismos que empujan los escombros encima de todos.

Y mientras todo esto pasa, mientras Toviggino aprieta, mientras las Ligas se acomodan para sobrevivir al poder de turno, mientras el fútbol argentino se hunde en un pantano cada vez más oscuro, hay un silencio que duele más que cualquier arbitraje escandaloso: el de los jugadores. El de los referentes. El de Messi. Porque sí, es incómodo decirlo, pero su silencio también avala. Su silencio también sostiene a Tapia. Su silencio también mantiene este sistema que ya no tiene vergüenza ni límites. Y uno no le pide que haga una revolución… pero al menos una palabra, un gesto, una señal de que ve lo que pasa.

Qué distinto sería todo con Maradona vivo y bien. Porque Maradona no negociaba, no callaba, no especulaba. Maradona te prendía fuego la AFA en un minuto si veía estas barbaridades. Y no por conveniencia: por convicción.

Hoy, en cambio, el fútbol argentino está desprotegido, sin voces, sin rebeldes, sin nadie que se plante frente a un poder que avanza como si fuera eterno. Pero no lo es. Y cuando esto explote, porque va a explotar, no habrá memoria corta para quienes callaron cuando más se los necesitaba.

Por Por Mauricio Fernández C, de Sin Anestesia

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